Prevención de la fractura osteoporótica
La medida de la densidad ósea
Juan del Llano Señarís.
Secretario de la Asociación Española de Evaluación de Tecnologías Sanitarias.
Siguiendo la metodología de la Medicina Basada en la Evidencia y los criterios del Consejo Sueco para la evaluación de Tecnologías Sanitarias, se analizan las evidencias disponibles sobre la medida de la densidad ósea en relación con el manejo de la osteoporosis.
En condiciones normales, la masa ósea máxima se alcanza entre los 25 y 35 años y, tras una fase de meseta, más o menos corta, se inicia una pérdida lenta y progresiva ligada al envejecimiento, que en la mujer se acelera tras la menopausia.
La osteoporosis es una enfermedad metabólica ósea caracterizada por una reducción en la cantidad de hueso y un deterioro de la microarquitectura ósea que aumenta la fragilidad del hueso y conlleva un incremento del riesgo de fracturas. Estas fracturas pueden afectar a cualquier estructura ósea, pero básicamente se localizan en el antebrazo distal, los cuerpos vertebrales y el cuello del fémur. Esta última localización es la más grave y contribuye de forma notable a la gran repercusión socioeconómica de la enfermedad. El término osteoporosis suele reservarse para una disminución de la densidad mineral ósea (DMO) de 2,5 o más desviaciones estándar (DE) por debajo de la normalidad. No obstante, las desviaciones de 1 DE (osteopenia) también se ha asociado con un riesgo de fractura que dobla el normal.
La relevancia de la osteoporosis como problema de salud pública (por su alta prevalencia) es que constituye el factor de riesgo más importante de fractura. Sobre este factor de riesgo se puede intervenir preventiva y terapéuticamente, si bien se precisa de un diagnóstico previo con alguno de los métodos existentes para medir densidad ósea (los hay que utilizan radiaciones no ionizantes, láser y ultrasonidos, y los que utilizan radiaciones ionizantes-rayos gamma y rayos X) además de las determinaciones analíticas disponibles. La densitometría dual con fuente de rayos X dual (DEXA), en concreto, es la que domina el mercado. Los métodos basados en ultrasonidos se están utilizando cada vez más, pero su capacidad analítica requiere todavía ser validada.
Tecnología potencialmente evaluable, es decir información relevante disponible en términos de costes y de beneficios
DEXA es el método de medición de masa ósea más extendido en la práctica clínica. Para la mayoría de los expertos es seguro (baja dosis de absorción y corto tiempo de exposición), exacto (alrededor de un 10%) y preciso (entre un 0,5 y un 2%).
Tiene, por tanto, mejor precisión (bajo error aleatorio) que exactitud (bajo error sistemático). Esto es importante para valorar su utilidad, no sólo como método de diagnóstico sino también como posible test de cribado. Para ello, el número de personas erróneamente clasificadas en relación a su riesgo de fractura, bien como falsos positivos o bien como falsos negativos, debe ser el mínimo posible. Estas tecnologías precisan escrupulosos controles de calidad (estandarización y calibración diaria de los procedimientos), entrenamiento del personal que las utiliza, atención especial a la posición de los pacientes durante la exploración y evaluación periódica independiente de las unidades que lo realizan.
Los beneficios de esta tecnología están en su capacidad de predicción de fracturas. Un reciente meta-análisis (BMJ 1996;312: 1254-59) concluye que la utilización de la medida de la densidad ósea sirve para predecir riesgo de fractura y lo demuestra a partir de un descenso de 1 DE en la masa ósea. Esto significa mejor capacidad predictiva que un incremento de 1 DE en la presión arterial para el accidente cerebrovascular agudo (ACVA) y que un incremento de 1 DE en la concentración de colesterol para la enfermedad cardiovascular.
Los costes anuales por instalación de medida de densidad ósea en Suecia (existen unas 80 unidades instaladas) varían entre 70.000 coronas (1 US dólar son unas 7 coronas) y 425.000 coronas en los actuales niveles de utilización. Si la utilización fuese total (máxima capacidad) los costes se incrementarían a 435.000 y 3,1 millones de coronas por unidad. El coste actual por examen varía entre 285 y 845 coronas. Para DEXA el coste medio es de 500 coronas (Journal of Internal Medicine 1997; 241, supplement 739: 1-60).
Impacto potencial significativo en la mejora de un determinado problema de salud
Los avances en los estudios epidemiológicos han llevado a delimitar los factores de riesgo asociados a la baja masa ósea, y la relación de esta baja masa ósea con la fractura. Diversos tratamientos han demostrado evidencia de eficacia en ensayos clínicos ante el principal factor de riesgo de la fractura osteopórica, la baja masa ósea (BMO). Todo ello se ha podido evidenciar con la ayuda de las modernas técnicas de diagnóstico por imagen.
El empleo correcto y adecuado de tecnologías diagnósticas para un mejor manejo clínico de la osteoporosis ayudaría a mitigar las consecuencias en la salud individual, desde muertes evitables hasta incapacidades, y amortiguaría el fuerte impacto que la fractura osteoporótica tiene a nivel familiar, social y económico.
Siempre que se pueda (sólo razones éticas lo impedirían), se debe avanzar en la demostración de la efectividad (eficacia en la práctica clínica habitual) una vez demostrada la eficacia (en el ensayo clínico controlado) en el empleo de cualquier tecnología sea ésta diagnóstica o terapéutica.
Desafortunadamente no existen ensayos controlados aleatorizados que hayan evaluado la eficacia de utilizar la medida de la densidad ósea en cribados o mujeres postmenopáusicas, con la finalidad de prevenir fracturas. Aunque la medida de la densidad ósea puede predecir el riesgo de fractura no puede identificar qué individuos van a tener fractura por lo que los programas generales de cribado para osteoporosis no pueden ser recomendados.
El uso de la medida de la densidad ósea en programas selectivos de cribado precisaría de más y mejor información sobre adherencia al propio programa y sobre adherencia al tratamiento una vez instaurado. La aparición de nuevas modalidades terapéuticas que van demostrando mayor efectividad en la reducción de fracturas en mujeres de alto riesgo asintomáticas incrementa, sin duda, el papel de los programas de cribado para identificar candidatas apropiadas para el tratamiento. Debe, sin embargo y previamente a su implantación, haber evidencia concluyente de que el cribado puede alterar la historia natural de la enfermedad en una proporción importante a las personas que han sido cribadas.
Problema de salud con alta prevalencia
Las fracturas no traumáticas representan un problema de salud grave en mujeres de edad avanzada. La osteoporosis predispone la aparición de fracturas en mujeres localizadas con más frecuencia en la cadera, muñeca y columna. Las fracturas de cadera reclaman un especial interés debido a sus elevados costes en términos de morbilidad, mortalidad e impacto económico y social. Se ha estimado que la incidencia de fracturas de cadera en EEUU pasará de 1,6 millones en 1990 a más de 6 millones en el año 2050, debido fundamentalmente al envejecimiento progresivo de la población.
La osteoporosis afectaría en España a tres millones de mujeres mayores de 50 años según un estudio europeo prospectivo de osteoporosis. La prevalencia en mujeres por grupos etarios es del 17% entre 50-60 años, del 35% de 60-70 años, y del 52% en mayores de 70 años. La incidencia acumulada anual es superior a 200 fracturas por 100.000 habitantes, con una razón de 3/1 (mujer/hombre).
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