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Archivo para 21 Octubre, 2007

Medicina Centrada en las Personas.

21 Octubre, 2007 Ruben Roa Los comentarios están cerrados

Así como la Medicina Familiar presupone un nuevo marco epistemológico (la epistemología de la complejidad), esto obliga también al uso de instrumentos y herramientas que se correspondan con la misma. Un modelo de atención que nos permitan llevar adelante una consulta en donde estén presentes todas las categorías en las que se expresa el proceso salud-enfermedad. Este capitulo no tiene en sí nada de original, ya que la mayor parte de su texto ha sido ya descripto en otras partes de la obra. Su virtud reside, en la posibilidad de sistematizar cada visita con una metodología que nos sea propia, y porque no aún reinventarla, ya que una especialidad que se basa en personas, familias y comunidades, lo que menos puede aspirar es a permanecer en la rigidez del pensamiento. A su vez es necesario entender que si bien en el texto existe un orden, el mismo no necesariamente puede o debe ser aplicado en la consulta real. La misma tiene momentos que coexisten temporalmente, y circunstancias que hacen que no todos los elementos planteados en el modelo puedan ser llevados a la práctica en una sola consulta. No debemos olvidar que para ello el tiempo de la consulta va más allá de nuestro contacto visual con nuestro paciente. En Medicina Familiar, se ve modificado por la continuidad en los cuidados, y por tanto en el conocimiento acumulativo que tenemos de nuestros pacientes. Para decirlo en palabras más simples, el aplicar todos estos instrumentos en una consulta no sólo es imposible, sino que incluso puede ser impertinente, y el tiempo de la consulta es mucho mas que 5 o 15 minutos en medicina familiar, sino que es el tiempo durante el que vamos acumulando conocimientos a partir de la atención continua, y quizás hoy sean 5 minutos, y otro día 30 minutos de consulta, y será tan importante la frecuencia de sus consultas (como en el caso de los hiperfrecuentadores), como la necesidad en algunos casos de convocar en algunos casos a que los niños sean vacunados u otras actividades preventivas (que no son muchas las que realmente son clínicamente efectivas). Pero nunca debemos olvidar, que la gente en general no le gusta ir al médico, por más que nos empeñemos en querer medicalizar todos los aspectos de la vida, y de este modo formar parte de un modelo reduccionista y medicalizante, propio de los países centrales que basan su atención en personas sanas, mientras continentes enteros como África, ven morir a su gente día a día, por el solo hecho de haber sido condenados a la pobreza y la desidia de los poderosos de la tierra.
Esta sistematicidad que aquí proponemos no debe afectar la fluidez que debe existir durante el desarrollo normal de cada consulta, y por tanto múltiples puntos aquí citados son evaluados en un mismo tiempo, o a través de diferentes procesos, a veces no tan claros como aquí se exponen. Así que el lector desprevenido, deberá prestar cuidado a que no todo lo que aquí exponemos se puede o se debe realizar, o quizás, sean todavía muchas más las cosas que debemos llevar adelante en nuestro trabajo. Texto Completo.

Agencia Española del Medicamento: Pioglitazona y Rosiglitazona

21 Octubre, 2007 Ruben Roa 1 Comentario

Agradecimiento a Martin Cañas.

COMUNICACIÓN SOBRE RIESGOS DE MEDICAMENTOS PARA PROFESIONALES SANITARIOS

Ref: 2007/13 19 de octubre de 2007

NOTA INFORMATIVA

PIOGLITAZONA Y ROSIGLITAZONA: CONCLUSIONES DE LA EVALUACIÓN DEL BALANCE BENEFICIO-RIESGO EN EUROPA

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Como continuación de las notas informativas 2007/5 y 2007/8 en las que se informaba de datos sobre el riesgo de fracturas asociado a rosiglitazona y pioglitazona y de los recientemente publicados sobre el riesgo cardiovascular de rosiglitazona, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) desea informar sobre las conclusiones de la evaluación del balance beneficio-riesgo llevada a cabo por la Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) como consecuencia de la aparición de estos problemas de seguridad.

La EMEA ha comunicado el día 18 de octubre las conclusiones y recomendaciones del Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) respecto a la evaluación del balance beneficio riesgo de pioglitazona y rosiglitazona . Dichas conclusiones han sido las siguientes:

a.. Después de la evaluación de todos los datos disponibles, el CHMP considera que los beneficios, tanto de pioglitazona como de rosiglitazona, en el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, continúan superando sus potenciales riesgos, manteniendo un balance beneficio-riesgo favorable en sus condiciones de uso autorizadas.

b.. No obstante, en pacientes con cardiopatía isquémica, rosiglitazona solamente debería utilizarse después de una cuidadosa evaluación del riesgo individual de cada paciente. El CHMP ha recomendado incorporar esta advertencia a la información contenida en la ficha técnica de rosiglitazona (Avandia).

c.. El uso combinado de rosiglitazona e insulina, solamente debería de llevarse a cabo en casos excepcionales y bajo una estrecha supervisión médica. Esta combinación aumenta el riesgo de retención de líquidos y de insuficiencia cardiaca.

La EMEA está procediendo a la introducción de estos cambios en la información de la ficha técnica de los medicamentos que contienen rosiglitazona (Avandia, Avandamet y Avaglim). No se considera necesario introducir cambios en la información del producto de los medicamentos que contienen pioglitazona (Actos, Competact).

La AEMPS considera necesario recordar a los profesionales sanitarios que sigan estrictamente las condiciones de uso autorizadas en las fichas técnicas de los medicamentos con pioglitazona o rosiglitazona Puede consultarse la información de la ficha técnica y el prospecto actuales en la web de AEMPS (www.agemed.es) o en los siguientes enlaces: Actos (pioglitazona monofármaco), Avandia (rosiglitazona monofármaco).

Se pueden consultar la nota de prensa y el documento de preguntas y repuestas en la página web de la EMEA (www.emea.europa.eu).

Finalmente se recuerda la importancia de notificar todas las sospechas de reacciones adversas al Centro Autonómico de Farmacovigilancia correspondiente

EL SUBDIRECTOR GENERAL
DE MEDICAMENTOS DE USO HUMANO

Fdo: Emilio Vargas Castrillón

Se puede consultar esta información en formato PDF

http://www.agemed.es/actividad/alertas/usoHumano/seguridad/docs/NI_2007-13.pdf

Cirugía cardíaca Basada en la Evidencia

21 Octubre, 2007 Ruben Roa 1 Comentario

Cirugía cardíaca Basada en la Evidencia

Dra. Dña. Elena Blasco Colmenares
Servicio de Cirugía Experimental. Hospital Gregorio Marañón
Madrid.

La existencia de variabilidad en la práctica médica está ampliamente establecida, y la cirugía cardíaca no es una excepción. Cualquier cirujano que visite distintos servicios de cirugía cardíaca puede darse cuenta de los diferentes criterios seguidos a la hora de establecer un tipo de intervención, el momento de la misma, o las distintas formas de abordar el mismo problema. ¿Por qué algunas indicaciones quirúrgicas varían de un servicio a otro? ¿Por qué algunas técnicas quirúrgicas son casi tan variables como el número de cirujanos que las emplean? ¿Cómo podemos establecer la mejor indicación o la mejor técnica quirúrgica en un paciente concreto?

La experiencia de un cirujano representa tan sólo la práctica de unas técnicas determinadas en un número limitado de pacientes. En la mayoría de las ocasiones, esta experiencia no permite evaluar de forma rigurosa la eficacia de una técnica, ni comparar los resultados de técnicas alternativas. Para generalizar las indicaciones y la metodología de una intervención debemos basarnos en la revisión de la experiencia de otros grupos a través de sesiones clínicas, conferencias, congresos y, fundamentalmente, mediante la literatura médica, que proporciona la experiencia de un mayor número de casos, realizados con controles adecuados y en condiciones muy variadas. La aplicación de la evidencia acumulada en la literatura a un caso concreto no se hace de forma mecánica, sino integrando nuestros conocimientos, nuestras experiencias, nuestra habilidad y nuestro sentido común. Éste es el planteamiento fundamental de la Medicina Basada en la Evidencia. La cirugía cardíaca no es ajena a esta corriente y, de hecho, muchas de las indicaciones y técnicas actuales se han descartado, perfeccionado o consolidado gracias a la realización de estudios clínicos adecuadamente controlados. Uno de los ejemplos más ilustrativos es el desarrollo de la cirugía para el tratamiento de la isquemia coronaria, en donde se han ensayado toda una serie de técnicas encaminadas a mejorar el aporte de oxígeno miocárdico (simpatectomía, tiroidectomía, injertos de diferentes pedículos vasculares, ligadura del seno coronario o de la gran vena cardíaca, ligadura de las arterias mamarias, inducción de pericarditis etc), que han sido abandonadas debido a que estudios controlados no mostraron un aumento de la supervivencia de los pacientes, aunque algunos conceptos, como la revascularización por neoformación de vasos, se siguen ensayando con técnicas de láser.

En la Medicina Basada en la Evidencia, la mejor prueba de la eficacia clínica de una intervención la ofrecen los ensayos clínicos y los estudios que los resumen (meta-análisis). En cirugía cardíaca se ha realizado la evaluación rigurosa de muchas intervenciones, pero en ocasiones la realización de ensayos clínicos aleatorizados es difícil por problemas metodológicos y éticos. En el presente artículo, vamos a utilizar dos aspectos de la cirugía en el manejo de la insuficiencia coronaria para ilustrar cómo se ha desarrollado la cirugía cardiaca basada en la evidencia, y cuáles son algunas de las dificultades con las que nos encontramos los cirujanos para evaluar de forma rigurosa todos los aspectos de nuestra práctica. Por un lado, revisaremos la evidencia disponible acerca de la eficacia de la cirugía de revascularización, basada en gran medida en ensayos clínicos aleatorizados. Por otro lado, revisaremos las múltiples variantes de protección miocárdica que surgen como consecuencia de no haber encontrado todavía la forma de protección ideal, y que suponen un reto para la investigación en cirugía cardíaca.

 

Revascularización coronaria basada en la evidencia

Los procedimientos de revascularización coronaria tienen por objeto aumentar el flujo coronario de zonas de miocardio a riesgo, para mejorar la supervivencia de los pacientes y/o su calidad de vida. La revascularización coronaria puede realizarse mediante técnicas quirúgicas (realización de injertos aorto-coronarios – by-passes) o mediante angioplastia transluminal percutánea. Por motivos históricos y técnicos, la cirugía se desarrolló antes que la angioplastia, por lo que las comparaciones iniciales entre revascularización y tratamiento médico se centraron en torno a la cirugía. La comparación entre el tratamiento médico y el quirúrgico en la cardiopatía isquémica ha sido objeto de numerosos estudios, incluyendo varios ensayos clínicos aleatorizados con seguimiento a largo plazo. En el meta-análisis de Yusuf et al (Lancet 1994;344:563-70), realizado a partir de los datos individuales de los pacientes, se recogen los resultados de siete ensayos clínicos aleatorizados de cirugía frente a tratamiento médico con un total de 2.649 pacientes con insuficiencia coronaria estable seguidos durante más de diez años. En este meta-análisis se puso de manifiesto una reducción en la mortalidad total a 5 y 10 años en el grupo quirúrgico del 39% y del 17%, respectivamente (ambos valores fueron estadísticamente significativos). En la Figura 1 se aprecia que esta reducción fue más evidente en los casos de enfermedad de tres vasos o del tronco común, y en pacientes con mayor riesgo coronario (disfunción ventricular izquierda, prueba de esfuerzo positiva, o angina de clase III-IV). En los pacientes con afectación de uno o dos vasos, las diferencias en cuanto a mortalidad entre el tratamiento médico y el quirúrgico no fueron significativas, pero la tendencia fue favorable al grupo quirúrgico. El análisis global de este estudio parece establecer el concepto de que cuanta mayor es la masa ventricular a riesgo, mayor es el beneficio de la cirugía de revascularización, y permite establecer la indicación de revascularización en un número elevado de pacientes.

Aunque los resultados obtenidos en este caso pertenecen a la categoría más alta de calidad de la evidencia científica (ver, DM 4-VII-97), la dificultad en su aplicación a la práctica se pone de manifiesto si tenemos en cuenta algunas de las limitaciones de estos estudios: todos los ensayos recogidos en este meta-análisis se iniciaron hace más de 15 años, por lo que estos resultados reflejan la práctica clínica y quirúrgica de aquel tiempo (por ejemplo, en estos estudios el número de by-passes por paciente fue, por término medio, de 2,4, y menos del 10% de los mismos se realizaron con arterias mamarias internas izquierdas, mientras que la frecuencia de mortalidad o de infarto postoperatorios fue del 10,3%). Desde entonces han mejorado las técnicas quirúrgicas, los cuidados postoperatorios, el tratamiento médico de estos pacientes y las medidas terapéuticas encaminadas a mantener permeables los by-passes. La extrapolación de los resultados de estos estudios a las condiciones quirúrgicas y médicas actuales es cuestión de juicio clínico, sobre todo si tenemos en cuenta que la población de pacientes a la que se aplican estas técnicas también cambia con el tiempo (cada vez los pacientes son de edad más avanzada, tienen un mayor riesgo quirúrgico y la proporción de mujeres es mayor).

Una vez establecida la superioridad de la revascularización frente al tratamiento médico en un buen número de pacientes, es necesario establecer cuál es la técnica de revascularización de elección. Pocock et al (Lancet 1995; 346:1184-89) han reanalizado los resultados de ocho ensayos clínicos aleatorizados que compararon la cirugía con la angioplastia en un total de 3.371 pacientes con insuficiencia coronaria estable, seguidos durante una media de 2,7 años. En este estudio, las dos técnicas de revascularización tuvieron un riesgo de mortalidad y de infarto similares, sin diferencias significativas. Sin embargo, la cirugía fue superior en cuanto al control clínico del angor y en cuanto a la menor necesidad de procedimientos de revascularización tras la primera intervención. Además, en este estudio se puso de manifiesto que la evidencia a favor de la angioplastia frente a la cirugía en pacientes con enfermedad de un sólo vaso es, cuando menos, cuestionable.

Por otro lado, en los casos de angor inestable, así como en la fase aguda del infarto de miocardio, se ha acumulado evidencia que muestra la superioridad del tratamiento médico (por ejemplo, Creswell et al. Ann Thorac Surg 1995; 60:19-26), aunque una revisión detallada de estos temas supera el ámbito de este artículo.

Una vez que el paciente tiene una indicación quirúrgica, quedan múltiples preguntas por responder: ¿Qué tipo de injertos utilizar? ¿Qué papel tienen los by-passes secuenciales frente a los individuales? ¿Qué tipo de protección miocárdica se debe utilizar y cómo? Hoy en día, la mortalidad de la cirugía coronaria es lo suficientemente baja como para esperar que el efecto de cada una de estas opciones sea pequeño, por lo que será difícil ponerlos de manifiesto en ensayos clínicos. Las diferentes técnicas de protección miocárdica son un buen ejemplo.

 

Protección miocárdica y Medicina Basada en la Evidencia

La necesidad de utilizar protección miocárdica surge como consecuencia del gasto metabólico de la masa miocárdica durante la asistolia inducida en la cirugía. El no disponer todavía de la solución y de la técnica de aplicación ideales se demuestra con el fenómeno de daño post-reperfusión. Las primeras soluciones de cardioplegia que se utilizaron en seres humanos, a finales de los años 50, eran básicamente soluciones ricas en potasio. La determinación de la concentración de potasio más idónea se realizó mediante una combinación de estudios básicos (estudios histológicos) y experiencia clínica (bloqueos auriculoventriculares). Posteriormente se consiguió bajar la concentración de potasio en la solución sin disminuir la efectividad de la cardioplegia, introduciéndose la cardioplegia cristaloide multidosis a mediados de los años 70, y diferentes soluciones hemáticas a finales de esa misma década. Posteriormente, la combinación de soluciones serohemáticas con los diferentes métodos de aplicación de la cardioplegia (anterógrada / retrógrada / simultánea, caliente / fría / templada, continua / intermitente) ha complicado todavía más la comparación clínica de cualquiera de estas técnicas. Para ello, sería necesario un estudio multicéntrico, con un número elevado de pacientes, y con criterios rigurosos de evaluación del daño post-reperfusión. En un estudio de estas características, sólo se podría evaluar un pequeño número de alternativas, por lo que serían necesarios varios estudios que, una vez realizados, habría que comparar entre sí. No es de extrañar que estos estudios no se hayan realizado, sobre todo teniendo en cuenta la relativa seguridad de las técnicas quirúrgicas actuales. El desarrollo de métodos clínicos que permitan comparar estas intervenciones sigue siendo un reto en cirugía cardíaca.

Hemos revisado la evidencia disponible para algunos procedimientos utilizados en cirugía cardíaca, y hemos podido comprobar cómo una buena parte de nuestra actividad se basa en procedimientos sólidamente establecidos, aunque todavía es necesario mejorar la evidencia disponible acerca de algunas técnicas. ¿Cuál es el mejor modo de hacer esto? Tras recibir el Premio Nobel, Linus Pauling dijo en una reunión entre estudiantes: “When an old and distinguished person speaks to you, listen to him carefully and with respect – but do not believe him”. En nuestro contexto, Pauling nos incita a ser críticos con nuestra forma de realizar una técnica y a obtener evidencia empírica de su eficacia. La Cirugía Basada en la Evidencia nos ayuda en este cometido.