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Bebidas azucaradas y riesgo de gota

6 Marzo, 2008 Ruben Roa 1 Comentario

Bebidas azucaradas y riesgo de gota

Choi HK, Curhan G. Soft drinks, fructose consumption, and the risk of gout in men: prospective cohort study. BMJ 2008; 336: 309-312.  R   TC   PDF

Introducción

La gota es la artritis inflamatoria más frecuente en los varones y su prevalencia va en aumento en EEUU. La fructosa aumenta los niveles séricos de ácido úrico y en los últimos años ha aumentado de forma importante el consumo de bebidas azucaradas, por lo que es posible que los dos fenómenos estén relacionados.

Objetivo

Estudiar de forma prospectiva la relación entre el consumo de bebidas azucaradas y de fructosa con la incidencia de gota.

Perfil del estudio

Tipo de estudio: Estudio de cohortes

Área del estudio: Causa

Ámbito del estudio: Comunitario

Métodos

El Health Professionals Follow-up Study es un estudio de cohortes prospectivo que se inició en 1986 y que incluyó a 51.529 profesionales sanitarios varones de 40-75 años. Cada 2 años se les envía un cuestionario para actualizar los datos sobre el estilo de vida y recoger información sobre los nuevos diagnósticos aparecidos en ese periodo de tiempo.

Se incluyó en este análisis a los participantes que completaron las preguntas del cuestionario sobre la ingesta de bebidas azucaradas y que no tenían antecedentes de gota en la evaluación inicial. Cada 4 años se les envía un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos que incluye preguntas sobre la frecuencia de consumo de bebidas azucaradas, bebidas light y zumos de fruta. En el cuestionario bienal también se incluyen preguntas sobre si el participante había recibido un diagnóstico de gota. En caso afirmativo, se les enviaba un cuestionario complementario para saber si reunían los criterios del American College of Rheumathology. La variable de resultado principal fue el diagnóstico nuevo de gota que cumpliese 6 de los 11 criterios de la escala.

La incidencia de gota de cada periodo de 4 años se relacionó con el consumo de bebidas azucaradas declarado en el cuestionario anterior. Éste se clasificó en los siguientes estratos: <1 raciones al mes, de 1 al mes a 1 a la semana, 2-4 a la semana, 5-6 a la semana, 1 al día y ≥2 al día. El consumo de fructosa se clasificó en quintiles de porcentaje del consumo calórico total. Como posibles variables de confusión se analizó el consumo de cafeína y de lácteos, la ingesta calórica, los porcentajes de ésta derivados de las proteínas o los carbohidratos, la ingesta de vitamina C y de alcohol y otras variables no dietéticas.

Resultados

Se incluyeron en el estudio 46.393 participantes (fig. 1) entre los que se diagnosticaron 755 nuevos casos de gota. El consumo de bebidas azucaradas mostró una relación directa con la ingesta de cafeína, fructosa, carnes, lácteos no desnatados y una relación inversa con el consumo de lácteos desnatados y con la edad. En cambio, el consumo de fructosa libre presentaba una relación inversa con el IMC y la ingesta de alcohol, cafeína, carnes y lácteos no desnatados.

El consumo de bebidas azucaradas se asoció a un mayor riesgo de desarrollar gota (fig. 2) que se mantuvo al ajustar el análisis por el consumo de cafeína, pero dejó de ser significativa cuando se ajusto por el consumo de fructosa total. El consumo de bebidas light no mostró ninguna relación con el desarrollo posterior de gota.

El consumo total de fructosa también se relacionó con un mayor riesgo de gota (fig. 3), que se incrementó cuando se ajustó por la ingesta total de azúcares.

También se encontró una relación entre el número de vasos de zumo consumidos y el riesgo de desarrollar gota, de forma que los que consumían ≥2 vasos al día tenían un RR de 1,81 (IC95% 1,12 a 2,93) respecto a los que consumían < 1vaso al mes. El consumo de naranjas y manzanas también se asoció a un mayor riesgo de gota. Los que comían 1 pieza al día tenían un riesgo relativo de 1,64 (IC95% 1,05 a 2,56) respecto a los que comían <1 pieza al mes. En el análisis por subgrupos las asociaciones se mantenían independientemente del IMC, el consumo de alcohol y el consumo de lácteos.

Conclusiones

Los autores concluyen que el consumo de refrescos azucarados y de bebidas ricas en fructosa incrementan el riesgo de desarrollar gota y que es probable que el consumo de frutas también lo haga. En cambio, no se detectó ninguna asociación con las bebidas light.

Conflictos de interés

Ninguno declarado. Financiado por los National Institutes of Health.

Comentario

La gota es un problema clínico frecuente, que afecta a un 1% de los varones y en menor proporción a la mujer (razón varones mujeres 9:1). La hiperuricemia es un factor necesario, pero no suficiente para desencadenar una artritis gotosa. Otros factores que se asocian a un mayor riesgo de gota son la HTA, la utilización de diuréticos, la obesidad y el abuso de alcohol.

El ácido úrico es un producto del metabolismo de las purinas. En otros mamíferos, los niveles séricos de ácido úrico son extremadamente bajos (<1 mg/dL) por la acción de la enzima urato oxidasa, cuyo gen ha mutado en los grandes simios (y en el hombre) convirtiéndola en inactiva. Por lo tanto, no es de extrañar que se haya detectado una asociación positiva entre el consumo de carne y pescado y las cifras de uricemia. Por otro lado, se ha detectado una relación inversa con el consumo de lácteos.

Los hallazgos de este estudio son menos evidentes a priori. Sus resultados parecen sólidos dado el carácter prospectivo del estudio y la coherencia interna de los mismos. Por otro lado, en otros estudios se ha detectado la misma asociación y existe evidencia experimental de que la administración de fructosa eleva los niveles séricos de ácido úrico.

Los incrementos de riesgo detectados son comparables a los que produce el abuso de alcohol, por lo que parece prudente recomendar la reducción del consumo de refrescos azucarados y de zumos de fruta a los pacientes con antecedentes de gota, máxime teniendo en cuenta que su consumo también se asocia a un mayor riesgo de desarrollar un síndrome metabólico.

Bibliografía

  1. Terkeltaub RA. Gout. N Engl J Med 2003; 349: 1647-1655.   TC (s)   PDF (s)
  2. Eggebeen AT. Gout: An Update. Am Fam Physician 2007; 76: 811-812.   TC   PDF
  3. Underwood M. Sugary drinks, fruit, and increased risk of gout. BMJ 2008; 336: 285-286.   TC (s)   PDF (s)

Autor

Manuel Iglesias Rodal. Correo electrónico: mrodal@menta.net.

La formación del personal sanitario de atención primaria en el manejo de una guía nacional sobre el asma mejoró la adherencia a la guía, la prescripción farmacológica y disminuyó las urgencias e ingresos hospitalarios

6 Marzo, 2008 Ruben Roa Los comentarios están cerrados

Artículos relacionados en EvidPediatr

Referencia del artículo: Cloutier MM, Hall ChB, Wakefield DB, Bailit H. Use of asthma guidelines by primary care providers to reduce hospitalizations and emergency department visits in poor, minority, urban children. J Pediatr. 2005; 146: 591-7.

Autores:
Pedro Martín Muñoz Consultorio de Palmete. ZB La Plata. Sevilla. Servicio Andaluz de Salud. pedromartinm@telefonica.net  
Mercedes Fernández Rodríguez Centro de salud Potes (Madrid). IMSALUD. Mer763@hotmail.com 

Términos clave en inglés: guideline adherente; emergency service; hospital/utilization; asthma/drug therapy
Términos clave en español: adhesión a guías de práctica clínica; servicio hospitalario de urgencias: utilización; asma: farmacoterapia

Fecha de recepción:  7 de noviembre de 2005
Fecha de aceptación: 12 de noviembre de 2005

Resumen estructurado:

Objetivo: conocer si un programa de entrenamiento en el uso de una guía de práctica clínica (GPC) sobre asma aumenta la adherencia a la misma en atención primaria y disminuye el número de hospitalizaciones y consultas.

Diseño: ensayo comunitario no aleatorizado con control histórico realizado durante cuatro años. Emplazamiento: seis clínicas de atención primaria situadas en el Estado de Connecticut (EEUU), de las cuales dos son universitarias y cuatro docentes en pediatría o medicina de familia, que atienden aproximadamente al 85 % de los niños de la ciudad.

Población de estudio: pacientes de 6 meses a 18 años de edad atendidos por cualquier problema de salud en una de las clínicas. El único criterio de exclusión fue la edad. De los 9.339 examinados en el periodo descrito, 8.324 constituyeron la población de estudio; de estos, 3.748 fueron diagnosticados de asma (el 48% de ellos de asma persistente).

Intervención: el personal sanitario fue entrenado previamente en el manejo de la guía. Los padres de los participantes respondieron un cuestionario que, junto a los datos clínicos, sirvió para valorar si su hijo tenía asma. Si cumplían los criterios diagnósticos de asma (más de dos episodios de sibilancias, tos o falta de respiración frente a desencadenantes de asma y exclusión de otras enfermedades) se clasificaba la intensidad del asma y se elegía el plan de tratamiento según la guía. Por último, se realizó un plan de terapéutico por escrito que también se entregó a los padres.

Medición del resultado: se compararon los datos históricos del año 1.997-1.998 con los datos obtenidos tras la implantación del programa a lo largo del periodo 1.998-2.002. También se compararon los niños que han entrado en el programa con los que todavía no han sido incluidos en el estudio. Los datos demográficos basales se obtuvieron a través del censo, y los registros previos al inicio del estudio se recogieron del sistema de salud (Medicaid -S_CHIP). Los datos de prescripción de asma se identificaron a través de los códigos nacionales de fármacos. Se compararon las tasas por niño-año de consumo de corticoides inhalados (CEI) y los datos de asistencia sanitaria (hospitalización, visitas a urgencias y consultas ambulatorias) durante el año previo al estudio frente a los datos obtenidos durante el periodo de seguimiento.

Resultados principales: se constató un incremento del 25% en el uso de CEI después de efectuada la intervención. Por categorías de enfermedad, en el asma intermitente existió un aumento en el uso de CEI [tasa relativa (TR): 2,5; intervalo de confianza del 95% (IC 95%): 1,8- 3,6); p<0,001] y un descenso en el uso de broncodilatadores (BD): TR: 0,8, IC 95%: 0,7-0,9; p<0,001. En el asma persistente también aumentó la prescripción de CEI: TR 1,1, IC 95%: 1,03-1,3; p<0,01 y descendió el uso de BD (TR: 0,8, IC 95%: 0,7-0,9; p<0,001). Respecto a la adherencia a la guía, hubo un 96% de seguimiento de las pautas para el tratamiento del asma persistente frente al 38% inicial. Los antiinflamatorios empleados antes de la intervención eran cromonas en un 50% de los casos, pasando a ser CEI en un 85% después del la misma. Comparando con los datos basales, la tasa de hospitalización por asma en estos niños descendió un 35% (p<0,006) de forma mantenida durante el estudio; las visitas a urgencias descendieron un 27% (p<0,01). Las consultas ambulatorias descendieron de forma global un 19% (p<0,0001) siendo de un 22% (p<0,0001) para el asma intermitente y de un 18% (p<0,0001) para el asma persistente.

Conclusión: el entrenamiento en el manejo de una GPC nacional sobre el asma mejoró la adherencia a la misma, disminuyó las consultas e ingresos hospitalarios, incrementó el uso de CEI y disminuyó el empleo de BD.

Comentario crítico:

Justificación: la mayoría de las GPC sobre asma recomiendan la utilización de intervenciones multifacéticas para el control de estos pacientes. Sin embargo, los profesionales de atención primaria no siempre las utilizan.

Validez científica: aunque los resultados de mejora de la adherencia a la GPC y disminución del consumo de recursos sanitarios de este trabajo concuerdan con otros estudios1, no se proporcionan los IC 95% de ambos valores y tampoco queda claro en qué porcentaje influyen los diferentes componentes de la intervención (formación del médico, adecuado diagnóstico y clasificación de los pacientes, elección del tratamiento apropiado, sesiones educativas, plan escrito personalizado entregado a los padres). La muestra escogida, aunque grande (aproximadamente un tercio de la población susceptible), no fue aleatorizada, y niños en principio elegibles fueron rechazados por diferentes motivos (falta de tiempo en la consulta, patologías concomitantes, etc), con la consiguiente probabilidad de sesgo que ello representa. Los médicos participantes en el programa de entrenamiento también incrementaron la prescripción de CEI (10%) en los niños del grupo control, hecho que igualmente hay que tener en cuenta al valorar los resultados.

Relevancia clínica: las conclusiones de este trabajo apuntan en la misma dirección que estudios anteriores, al propugnar una atención integral del paciente asmático y su familia, incidiendo en la importancia del aspecto formativo de los profesionales. Los resultados son muy prometedores respecto a la utilidad del entrenamiento específico del personal sanitario en el manejo de una GPC, y la mejora en la práctica clínica observada repercutió en todos los pacientes (incluidos o no en el estudio). Se afianza, pues, la necesidad de que los profesionales conozcan y sigan las recomendaciones actuales de las guías de práctica clínica2. Respecto al incremento del uso de CEI, éste es considerable (un 25%) aunque no se proporcionan los IC 95% ni su uso en las distintas categorías de asma. En las tasas del incremento del consumo de CEI destaca un mayor incremento en el grupo de asma intermitente que podría reflejar un asma que deba ser clasificado en el grupo de persistente; en ambos grupos el descenso en el uso de BD apoya un mejor control del asma.

Aplicabilidad: la población estudiada es representativa de un área urbana con un nivel socioeconómico bajo y unas características étnicas concretas (hispanos y afro-americanos fundamentalmente), lo que puede disminuir su aplicabilidad en nuestro medio. Serían necesarios nuevos estudios, que permitan determinar la contribución de la educación sobre el asma3, la existencia de un plan por escrito de autocuidado4, el tratamiento farmacológico y las revisiones regulares en los efectos beneficiosos conocidos de un programa exhaustivo de atención del asma.

Bibliografía:

  1. Moonie SA, Strunk RC, Crocker S, Curtis V, Schechtman K, Castro M. Community Asthma Program improves appropriate prescribing in moderate to severe asthma. J Asthma. 2005; 42: 281-89
  2. Thomas L, Cullum N, McColl E, Rousseau N, Soutter J, Steen N. Guías para las profesiones relacionadas con la medicina (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2005 Número 3. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com [en línea][fecha de consulta: 22-X-2005]. Disponible en: http://212.49.218.200/newgenClibPlus/pdf/CD000349-ES.pdf
  3. Wolf FM, Guevara JP, Grum CM, Clark NM, Cates CJ. Intervenciones educativas para el asma infantil (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2005 Número 3. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com [en línea][fecha de consulta: 22-X-2005]. Disponible en: http://212.49.218.200/newgenClibPlus/pdf/CD000326-ES.pdf
  4. Toelle BG, Ram FSF. Planes de tratamiento personalizados escritos para el asma en niños y adultos (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2005 Número 3. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com [en línea][fecha de consulta: 22-X-2005]. Disponible en: http://212.49.218.200/newgenClibPlus/pdf/CD002171-ES.pdf

Como citar este artículo

Martín Muñoz P, Fernández Rodríguez M. La formación del personal sanitario de atención primaria en el manejo de una guía nacional sobre el asma mejoró la adherencia a la guía, la prescripción farmacológica y disminuyó las urgencias e ingresos hospitalarios. Evid Pediatr. 2005; 1: 6

PLacebos costosos funcionan mejor que los baratos

6 Marzo, 2008 Ruben Roa 2 comentarios

Parece ser que a uno de nuestros agujeron negros de la ciencia “el efecto placebo”, deberemos agregarle algunas otras condiciones. No todos los placebos son iguales, y al igual que con muchos otros productos de consumo, muchos estan convencidos que (sin saber que es un placebo), lo caro siempre es mejor. Misterios del marketing o ignorancia de la epidemiologia.

Topic:

A 10-cent pill doesn’t kill pain as well as a $2.50 pill, even when they are identical placebos, according to a provocative study by Dan Ariely, a behavioral economist at Duke University.

“Physicians want to think it’s the medicine and not their enthusiasm about a particular drug that makes a drug more therapeutically effective, but now we really have to worry about the nuances of interaction between patients and physicians,” said Ariely, whose findings appear as a letter in the March 5 edition of the Journal of the American Medical Association.

Ariely and a team of collaborators at the Massachusetts Institute of Technology used a standard protocol for administering light electric shock to participants’ wrists to measure their subjective rating of pain. The 82 study subjects were tested before getting the placebo and after. Half the participants were given a brochure describing the pill as a newly-approved pain-killer which cost $2.50 per dose and half were given a brochure describing it as marked down to 10 cents, without saying why.

In the full-price group, 85 percent of subjects experienced a reduction in pain after taking the placebo. In the low-price group, 61 percent said the pain was less.

The finding, from a relatively small and simplified experiment, points to a host of larger questions, Ariely said.

The results fit with existing data about how people perceive quality and how they anticipate therapeutic effects, he said. But what’s interesting is the combination of the price-sensitive consumer expectation with the well-known placebo effect of being told a pill works. “The placebo effect is one of the most fascinating, least harnessed forces in the universe,” Ariely said.

Ariely wonders if prescription medications should offer cues from packaging, rather than coming in indistinguishable brown bottles. “And how do we give people cheaper medication, or a generic, without them thinking it won’t work”" he asks.

At the very least, doctors should be able to use their enthusiasm for a medication as part of the therapy, Ariely said. “They have a huge potential to use these quality cues to be more effective.”

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6 Marzo, 2008 Ruben Roa Los comentarios están cerrados

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