Articulo de opinion: Escribe alguien. Medio ambiente.


Cuando escribo esto, Buenos Aires está rodeada desde hace una semana por una densa humareda originada en la quema de pastizales del Delta del Paraná y que ha alterado la vida cotidiana de millones de personas.

La mayor parte de los responsables son propietarios de campos que adoptaron un método drástico para eliminar la vegetación y acelerar su puesta en producción.

El evento ha provocado el cierre de varias rutas, dejó sin operar a tres puertos, dos aeropuertos y la terminal de ómnibus de la Ciudad de Buenos Aires. Ha habido importantes accidentes en las rutas, con varios muertos y heridos.

Es claramente el peor caso de contaminación del aire en toda su historia.

Quiero expresarles mi desconcierto ante la falta de prevención y respuesta por parte de quienes deberían haberle hecho frente con responsabilidad y que, en vez de eso, basaron su estrategia en la esperanza de un cambio en la dirección del viento.

Veamos los hechos:

Los incendios hay que apagarlos apenas aparecen.

Al mediodía del 17 de abril, uno de los directivos del INTA (Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria) informó al canal de televisión TN que
había campos que se estaban quemando “desde hace 21 días”. Cuando habló, ya
había 300 focos de incendio y se estaban quemando 70 mil hectáreas.

En una recorrida por cualquier Parque Nacional podemos ver carteles que
indican el riesgo de incendio según la humedad y el estado de la vegetación.
¿Aquí no había nadie pensando que cuando hay una sequía prolongada algo se
puede quemar?

En ese momento, la noticia era que los aviones hidrantes no podían actuar
para apagar el fuego, debido a la densa humareda.

Sucede que tenemos un Plan Nacional de Manejo del Fuego, debido a los
incendios de bosques y de campos de años anteriores y que está diseñado para
responder en cuestión de horas. ¿Por qué no actuaron los hidrantes 21 días
atrás? ¿No estaban en condiciones de actuar o alguien consideró que no era
necesario movilizarlos? Cualquier persona sabe que a los incendios hay que
agarrarlos de chiquitos y que si nos tomamos 21 días para decidir apagarlos,
se van a volver inmanejables. Que fue precisamente lo que ocurrió.

Está claro que cuando se produce un incendio, hay que apagarlo cuanto antes.
Si el propietario del campo lo hizo deliberadamente, habrá que cobrarle los
gastos de apagarlo y llevarlo a juicio.

¿Lo que hicieron es un delito?
Sugiero ver el Código Penal de la República Argentina, donde hay una figura
delictiva llamada “estrago culposo”. Es decir, cuando alguien produce un
desastre sin querer, por impericia o por negligencia.

¿Va actuar la justicia, o lo trataremos como un simple fenómeno
meteorológico, que no fue culpa de nadie?

En las rutas, la seguridad es más importante que el cobro del peaje
También cualquier persona sabe que si no hay visibilidad en las rutas, se
producen accidentes. Sin embargo, fue necesario un espectacular choque en
cadena, en el que siniestraron más de 40 vehículos, con varios muertos, para
que se decidiera cortar la ruta 9. En los días subsiguientes, cada vez que
alguien decidía reabrir la ruta, morían algunas personas y se la volvía a
cerrar.

El humo actuó sobre una atmósfera ya saturada.
La contaminación afectó duramente el Área Metropolitana de Buenos Aires,
porque allí ya hay tantos contaminantes en suspensión, que la atmósfera no
puede diluirlos.

En Santiago de Chile o Ciudad de México, ante una situación equivalente, las
autoridades declaran la emergencia ambiental. En esa situación, se prohíbe
la circulación de los automóviles particulares para que no agreguen más
gases a la atmósfera y sólo se puede circular en transporte colectivo.

Una emergencia de contaminación es una emergencia sanitaria.
Ante un evento así, hay que redoblar las guardias que atienden enfermedades
respiratorias en hospitales y clínicas privadas. Y, por supuesto, el informe
que después se haga (¿se hará? ¿se publicará?) tendrá que consignar si hubo
un aumento de la cantidad de enfermedades y muertes en estos días por
dolencias respiratorias.

Una situación así tendría que reforzar las estrategias de prevención.
Sin embargo, parece ocurrir lo contrario. En plena crisis, la Secretaría de
Energía decidió suspender la aplicación de las normas ambientales para el
fuel oil que se usa en las usinas térmicas. Esta decisión tiene nombre y
apellido: se trata de facilitar el uso de un combustible de origen
venezolano, de baja calidad y que por eso es difícil colocarlo en otros
mercados. Viene con un alto contenido de azufre, y las normas prohíben que
se use.

Si se quema fuel oil con azufre, después llueve ácido sulfúrico. Es decir,
lluvia ácida, un fenómeno históricamente desconocido en Buenos Aires.

Sería bueno que la experiencia sirviera para algo. Si hemos provocado la
humareda, sería bueno que aprendiéramos a no causar la lluvia ácida.

Alejandro Mendez. Politicas Cientificas.

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