Una vacuna con demasiadas dudas


Más allá de anuncios rimbombantes, faltan años para demostrar que la inmunización contra el HPV es efectiva y segura. <!–
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Josefina Edelstein – La Voz del Interior
Especial

Si bien las vacunas han puesto a salvo a la humanidad de numerosas enfermedades, y desde hace tiempo la expectativa de buena parte de la población mundial está puesta en la obtención de un medicamento preventivo para el cáncer, médicos y científicos recomiendan tener cautela respecto de la promocionada vacuna contra el virus del papiloma humano (HPV por sus siglas en inglés).

Desde Estados Unidos, Canadá y Europa piden mesura y racionalidad a los gobiernos antes de indicar la vacunación en niñas de 12 años y mucho más, cuando se plantean incluirla en el calendario oficial para inmunizar masivamente, aunque muchos países, presionados por los laboratorios fabricantes, ya la incorporaron.

La vacuna fue desarrollada para evitar la infección con los virus 16 y 18 del HPV y los ensayos clínicos han demostrado su efectividad, durante cinco a seis años y medio, en la reducción de lesiones precancerosas producidas por estas cepas. Básicamente, ésta es una de las pocas certezas científicas hasta el momento, mientras que el impacto real de la vacuna se conocerá al cabo de décadas.

Los reparos que esgrime desde hace tiempo la comunidad científica están planteados en un artículo y editorial que publicó –nada menos– que el New England Journal of Medicine, el 21 de agosto último.

Los cuestionamientos giran en torno a respuestas que requieren años de estudio y seguimiento:

No existen evidencias científicas de que la vacuna pueda prevenir el cáncer de cuello uterino y tampoco la mortalidad.

No se sabe cuánto tiempo durará su protección y, por lo tanto, se desconoce si será necesario aplicar un refuerzo.

El sistema inmunológico elimina en forma natural el 90 por ciento de las infecciones por HPV y no hay datos que muestren que este proceso no se alterará con la vacunación.

Por lo mismo, se teme un posible efecto de “nicho vacío”, ya que la vacuna que “evita la presencia o actividad de los virus contra los que protege”, al mismo tiempo podría “cambiar la ecología del cuello uterino y alrededores y permitir la proliferación de otros virus de alto riesgo oncológico, o la transformación de los de bajo riesgo”, explica Juan Gérvas, médico español y profesor en la Escuela Nacional de Sanidad y en la Universidad Autónoma de Madrid, quien en 2007 escribió el artículo “La incierta prevención del cáncer de cuello de útero con la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano”.

Los resultados de los ensayos clínicos se han obtenido con mujeres de 16 a 24 años, de manera que no se sabe cómo reaccionará el organismo de las chicas de 12 años a quienes se pretende inmunizar.

La vacuna protege de la infección de dos de los tipos (16 y 18) de HPV que se encuentran en el 70 por ciento de los casos de cáncer de cérvix, pero existen 15 cepas oncogénicas. Esto lleva a pensar que las mujeres que se vacunen podrían relajarse en cuanto al control con Papanicolau que, de todos modos, se deben realizar anualmente para detectar posibles lesiones cancerígenas.

Presión farmacéutica. Para el marketing existe la premisa de que las necesidades de consumo se crean y nada mejor que instalar temor para correr a calmarlo.

La arrolladora campaña de promoción de Merck para su vacuna Gardasil y, en menor medida, la de GlaxoSmithKline para su versión llamada Cervarix, también han sido foco de críticas y están descriptas en detalle en el artículo que publicó el prestigioso periódico The New York Times, el 20 del mes pasado. A través de los medios de comunicación, los laboratorios posicionaron al HPV como que está a la vuelta de la esquina e instalaron una sensación generalizada de temor hacia el cáncer.

Los laboratorios también “sensibilizaron” sobre el tema aportando dinero a médicos, organizaciones de padres, de mujeres, de pacientes, a sociedades científicas, organismos estatales y haciendo lobby en grupos políticos. El periódico informa que en Estados Unidos Merck convocó a cientos de médicos y enfermeras y los entrenó para que den charlas sobre la vacuna y por cada disertación se les pagó 4.500 dólares, nada más.

“Hubo una presión increíble de la industria y los políticos”, dijo Jon Abramson, ex presidente del Comité de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

Por su parte, Abby Lippman, directora de la Red de Salud de Mujeres Canadienses, expresó que el agresivo marketing “está enloqueciendo a las mujeres que piensan que son malas madres si no hacen vacunar a sus hijas”.

Otra voz que da cuenta de la presión farmacéutica es la de Diane Harper, quien se desempeñó como investigadora principal de los ensayos clínicos de Gardasil y Cervarix: “Merck hizo lobby en cada líder de opinión, grupo de mujeres, sociedad médica, políticos y apuntó directo a la gente, creando una sensación de pánico que lleva a la necesidad de tener que estar vacunado ya”.

El médico español Juan Gérvas expresa en su artículo que “está demostrada su ineficacia en mujeres no vírgenes”. Consultado vía correo electrónico, explica que “si hubo actividad sexual previa es absurdo vacunar, porque la mayoría de las mujeres ya se ha contagiado con el virus y también la mayoría ´se limpian´ por sí mismas y crean inmunidad celular, por lo tanto la vacuna es inútil”.

El tiempo dirá. En este escenario, ¿vale la pena que se vacunen niñas y mujeres? Más aun, ¿tiene sentido incluir la vacuna contra el HPV en el calendario oficial, como se viene intentando por algunas vías en el Congreso Nacional o en algunas legislaturas provinciales?

En la Argentina, sólo el 20 por ciento de las mujeres se hace el control de Papanicolau, entre otras razones, porque “las chicas no tienen incorporado el hábito de hacerse controles y los servicios de salud están abarrotados”, señala la especialista en adolescentes Juana Presman.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) autorizó una de las vacunas para mujeres de 9 a 26 años y la otra para las de 10 a 45 años.

El costo de la vacuna tetravalente (Gardasil) es de 926,48 pesos por dosis y son necesarias tres; mientras que la fórmula bivalente (Cervarix) se vende a 384 pesos y también hay que multiplicarlos por tres. Son cifras altas para el bolsillo de la gente y para el presupuesto de salud estatal. Aun más cuando faltan certezas sobre su efectividad y seguridad.

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