DESPUÉS DEL 15M, un reto: reinventar la democracia


José Luis Rodríguez Zapatero during his meetin...Image via WikipediaDESPUÉS DEL 15M, un reto: reinventar la democracia

Durante estos días, los acontecimientos se han sucedido rápido, casi sin que tengamos tiempo para asimilarlos. La acampada y las asambleas en la Puerta del Sol han permitido que muchos nos podamos encontrar, que podamos hablar e imaginar que es lo que pueden tantos cuerpos e inteligencias cuando se ponen juntos. Cuando la política despierta, cuando sale de la farsa parlamentaria fosilizada a la que se suele llamar democracia, se abren nuevos horizontes de debate y objetivos que antes parecían fuera de nuestro alcance. Por eso os proponemos algunas notas que nos pueden ayudar a comprender, entre todos, lo mucho que se ha logrado y, lo muchísimo más que se puede conseguir.

1. La consigna más coreada ha sido: “lo llaman democracia y no lo es”. Porque democracia significa en primer lugar gobierno de todos y todas, participación abierta y directa en los asuntos públicos. Cuando se identifica democracia con la convocatoria de elecciones, con una Constitución, con el derecho a representación, ésta se hace equivalente de unas instituciones que pueden estar perfectamente vacías. Sencillamente, decir democracia es decir antes participación y discusión común de los asuntos públicos, que elecciones, leyes y delegación en profesionales de la política. Lo primero que podríamos reconocer en estos días es que la democracia en acto está mucho más presente hoy en la Puerta del Sol que en las peleas electoralistas y en las declaraciones de los partidos mayoritarios.

La reforma institucional que podríamos plantear, nuestra revolución por así decir, no tendría que ser sólo la de hacer más proporcional el sistema electoral, la de introducir la necesidad de listas abiertas y no bloqueadas, o la de encarecer las penas a los políticos corruptos. Si bien se pueden incluir todos los puntos anteriores, nuestra reforma pasa por recuperar el poder público para la participación directa, con órganos abiertos, con referendos, mecanismos de control democrático de los recursos comunes y toda clase de nuevas tecnologías de decisión.

2. No hay democracia sin igualdad y sin libertad. La democracia es un espantajo ridículo cuando se limita a una elección consumista entre dos marcas, que aunque diferentes en el envoltorio, son básicamente iguales en el producto (PP-PSOE). Pero es aún más patética y falsa cuando las instituciones “democráticas” se ponen al servicio de unos pocos. La crisis nos ha enseñado que la política (y con ella la partitocracia) está al servicio de los mercados: que primero es preciso garantizar el beneficio de los inversores y sólo luego (y a larga distancia) viene el bienestar de la población; que es más importante rescatar a las instituciones financieras que mantener o ampliar los derechos sociales. La ausencia de igualdad y de libertad es hoy perfectamente visible: en el ejercicio de una ley que no es igual para todos, en la utilización de la deuda como mecanismo para mantener una vida cada vez más imposible con unos salarios menguantes. Incluso aquí en las acampadas y en las manifestaciones: ¿cuántos sin papeles pueden participar sin miedo a ser detenidos en los aledaños de la plaza? O también ¿qué libertad existe cuando tu vida ha quedado encadenada a una hipoteca, que por obra y gracia de la legislación española tendrás que seguir pagando aún después de ser desahuciado?

Esto es ya una declaración de intenciones. Nuestra reivindicación podría ser tan sencilla como esta: “Queremos igualdad y libertad para que haya democracia”, “Queremos libertad e igualdad porque sin ellas no hay democracia”. Para ello no sólo hay que perseguir la corrupción, si no también garantizar aquello que permite un mínimo de igualdad y de libertad. Libertad para los migrantes para poder moverse libremente y no ser objeto de permanente acoso. Libertad de poder declarase en bancarrota (que se admita la dación en pago) cuando ya no se puede pagar una hipoteca. Igualdad también, pero una igualdad que sólo se puede garantizar por medio de una educación igual para todos y por lo tanto gestionada y decidida por todos (no más dinero público a la educación concertada y privada); por medio de un acceso equitativo a la salud (no al negocio sanitario); por medio del derecho al cuidado cuando no se tiene toda la autonomía para ejercerlo sobre uno mismo y los demás (guarderías, dependencia, sanidad, pensiones dignas). Y sobre todo igualdad de condiciones para una vida digna que sólo se puede obtener por medio de un reparto equitativo de la riqueza existente, del control radical de las rentas especulativas y financieras y del control democrático de los recursos públicos. Que nadie tenga que sufrir ni la miseria del desempleo, ni la precariedad y la explotación brutal del mercado de trabajo para simplemente poder vivir.

3. Estos tres días nos han enseñado también una importante lección: la legitimidad y el consenso que secuestra el derecho a pensar y a participar políticamente en manos de los profesionales de la representación (básicamente los políticos de partido) es tan endeble y frágil como un castillo de arena ante el anuncio de la subida de la marea. Han bastado decenas de miles de personas en la calle y un mensaje claro (“queremos democracia y no lo que hay ahora”), para provocar primero el desconcierto, y luego la reacción histérica de políticos y medios de comunicación. Hoy, ayer y seguramente mañana, el diario El País y algunos de los periodistas de Prisa nos invitan a pensar sobre los peligros de gritar “que no hay democracia”. Nos lanzan sus argumentos en defensa del actual tinglado institucional y nos conminan poco menos que a elegir entre “parlamentarismo o totalitarismo”. Sin duda, estos adalides de las grandes conquistas de la Transición, olvidan lo principal, que de nada valen instituciones y leyes si éstas sólo sirven para mantener privilegios, y que la democracia es ante todo ejercicio cotidiano y directo de participación.

Los agentes financieros, políticos y mediáticos se han visto invadidos por el miedo a que el rey se vea finalmente al desnudo, a que el gran negocio de la representación política, se muestre como los que es: un simple negocio en manos de charlatanes a sueldo de grandes empresas. Los partidos políticos, recién desplazados, ¡por primera vez!, del centro del protagonismo social y político, han reaccionado intentando asimilar la nueva coyuntura. Sus posiciones basculan entre el ataque incipiente de la nueva derecha a un movimiento en el que ni tienen ni tendrán ninguna posibilidad de enganche y los patéticos intentos de la izquierda institucional por incorporar al movimiento a su dinámica electoral. Parámetros, recordemos, completamente fallidos, que tienen muy pocas posibilidades de lograr sus objetivos y que son justamente los que han desencadenado la movilización. Frente a esta desorientación de las fuerzas institucionales, el movimiento del 15M ya ha logrado una primera victoria: que en vez de soportar otra anodina campaña electoral, llena de candidatos y partidos de mierda, en la que no se decide absolutamente nada importante, todo el espectro social y político se vea obligado a posicionarse, y a retratarse, frente a cuestiones que parecían cerradas como ¿qué es la democracia? ¿Quién tiene derechos sociales? ¿A quién pertenece la riqueza que producimos entre todos?

El camino que queda por andar a partir del día 22, justo después de unas elecciones que, insistimos, no cambiarán nada sustancial, será largo. Pasado el asentamiento temporal en Sol, tendremos que volver a poner nuestra inteligencia y nuestra imaginación juntas de nuevo para seguir abriendo espacios en los que sea posible hacer verdadera política, esto es, aquélla que es capaz de producir cambios significativos en la realidad que vivimos.

madrilonia.org
ES LA DEMOCRACIA, ESTÚPIDOS
15 de mayo: De la indignación a la Ilusión

Del domingo 15 de Mayo puede decirse que señala un importante punto de inflexión: de la red a la calle, de las conversaciones en casa y en la calle a la movilización, pero sobre todo, de la indignación a la ilusión. Decenas de miles de personas, convocadas a través de la red, ciudadanos y ciudadanas de a pie, han tomado las calles con una reivindicación nítida y cargada de ilusión: la exigencia de democracia real, de una democracia no al servicio de los grandes intereses, sino de las personas. Una crítica sin matices a una clase política que, desde los inicios de la crisis, ha gobernado a sus espaldas y bajo los dictados de los siempre tan eufemisticamente llamados “mercados”.

En las próximas semanas y meses, veremos cómo toma cuerpo la reivindicación y extensión del lema democracia real ya. Todo indica que su poder irá in crescendo. La mejor prueba radica en la toma de las plazas y en las acampadas declinadas en las distintas ciudades. La red social es hoy un hervidero en favor del movimiento y su réplica en calles y plazas lo hace aún más fuerte. A fecha de hoy, no obstante, y lejos de predicciones siempre discutibles, se pueden ya avanzar algunas cuestiones.

En primer lugar, el movimiento del 15 de Mayo es certero en sus críticas. La política, tal y como hoy la conocemos y tal y cómo la aplican los partidos políticos (hacer pagar la crisis a los sectores más débiles de la sociedad), ha llevado a la indignación a una parte creciente de la sociedad. En los últimos años hemos asistido, atónitos, al rescate multimillonario de grandes bancos a la vez que se producían constantes recortes sociales, agresiones a los derechos elementales y privatizaciones encubiertas que han disminuido a marchas forzadas, antes desconocidas, el ya escaso, por raquítico, Estado bienestar español. Hoy nadie duda que esta política es un peligro para nuestro presente y nuestro inmediato futuro. Precisamente, la indignación se explicita cuando se enfrenta a la cobardía de los políticos, incapaces de poner cerco al gobierno de las finanzas: ¿dónde quedaron las promesas de la humanización del capitalismo después de la crisis de las subprime? ¿Dónde quedó lo de acabar con los paraísos fiscales? ¿Dónde acabó el control sobre el sistema financiero? ¿Dónde lo de gravar a las rentas especulativas? ¿Dónde lo de dejar de subvencionar fiscalmente a aquellos que más tienen?

En segundo lugar, el movimiento del 15 de Mayo es mucho más que un toque de atención para las llamadas izquierdas. Pudiera ser (de hecho es lo más probable) que el 22 de Mayo, día de elecciones locales, y también autonómicas en muchas comunidades, la izquierda recibiera un rotunda varapalo. En tal caso se trataría quizás de la antesala de lo que seguramente ocurrirá en las elecciones generales. Lo que hoy se puede asegurar, con toda certeza, es que la izquierda institucional (partidos y grandes sindicatos) es blanco de la desafección política generalizada por su nula capacidad para presentar propuestas novedosas en el marco de la crisis. Y es ahí donde se encuentra la doble explicación de su derrota electoral. Por un lado, sus políticas no son capaces de salirse de un marco de lectura completamente tendencioso de la crisis, que acepta, ¡a día de hoy!, que el problema es un problema de escasez de recursos. Digámoslo alto y claro: no existe tal problema de escasez; el problema radica sencillamente en la extrema desigualdad de la distribución de la riqueza acentuada cada día por la disciplina financiera: ¿dónde están los beneficios infinitos de la burbuja inmobiliaria? ¿Y de las obras faraónicas como los aeropuertos de Castellón o Lleida, por poner solo algunos ejemplos? ¿A quién beneficia y enriquece el gigantesco problema de deuda de tantas y tantas familias y personas? Por otro lado, la izquierda no sabe ponerse al lado y trabajar con los movimientos emergentes que reivindican democracia y libertad: ¿quién no recuerda lo que dijo el presidente Zapatero cuando se presentó la propuesta de la dación de pago? ¿Quién le sirvió de contraparte: los millones de hipotecados/as o los grandes intereses bancarios? ¿Y qué decir de la indecente Ley Sinde? ¿Con quien estaba, con los que dan forma a la red o con quienes quieren hacer de ella un negocio como si la cultura fuera una mercancía más? Mientras la izquierda no sea capaz de ponerse al lado y al servicio de los movimientos de ciudadanía, mientras no sea capaz de salirse del guión de las élites financieras y económicas y proponer planes B para salir de la crisis, su travesía por la oposición se prolongará indefinidamente. Ya no hay tiempo de más prórrogas: sencillamente o cambian o mueren como actores sociales legítimos para los principios que dicen representar.

El tercer lugar, el Movimiento 15 de Mayo muestra como la ciudadanía, lejos de la pasividad que le suponen tantos analistas, ha sabido organizarse y autoformarse en una época de abandono institucional y fuerte crisis de la representación política. Las nuevas generaciones han sabido dar forma a la red inventando nuevas maneras de “estar juntos”, sin el recurso a clichés ideológicos, armados de un sabiopragmatismo, escapando de las categorías políticas preconcebidas y de los grandes aparatos burocráticos. Estamos asistiendo efectivamente a la construcción de “minorías mayoritarias” que exigen democracia frente a la guerra del “todos contra todos”, de la atomización imbécil propuesta por el neoliberalismo; y que exigen derechos sociales frente a las lógicas de privatización y ajuste impuestas por los poderes económicos. Y aquí es más que probable que no valgan (o valgan poco) los esquemas preestablecidos, las vueltas imposibles al pasado de la mano del retorno al Estado y a la plena ocupación, tal y como pretenden casi todas las izquierdas, desde la más radical hasta la más tibia. Reinventar la democracia exige cuanto menos apuntar nuevas formas de distribución de la riqueza, una ciudadanía para todos/as con independencia del lugar de origen (esto es, a la altura de los tiempos globales), la defensa sin ambages de los comunes (de los recursos ambientales pero también del conocimiento, la educación, internet y la salud) y otras formas de autogobierno de la multitud que superen la corrupción de las actuales.

En cuarto y último lugar, es obligatorio recordar que el Movimiento del 15 de Mayo se vincula a una corriente de reivindicación que toma forma en distintas partes de Europa a partir del rechazo a las llamadas políticas de austeridad. Una reivindicación y movilización que empieza a poner en jaque al desierto de lo real, el sueño de esa Europa muda y amorfa a la que aspiran las élites políticas y económicas. Se trata aquí de las campañas de UKUnCuts frente a la política de Cameron, de la movilización de Geraçao a Rasca en Portugal o de lo sucedido en Islandia tras la negativa de la ciudadanía a pagar el rescate financiero. Y a la vez, y sobre todo, se inspira en la llamada “Primavera Árabe”, que a través de la revueltas democráticas Egipto y Túnez, consiguieron la destitución de sus corruptos gobernantes.

No sabemos, obviamente, cuál será el destino último del espíritu del 15 de Mayo. Pero lo que si podemos decir, con toda certeza, es que ya existen al menos dos planes contra la crisis: los recortes o la invención de la democracia real. Del primero conocemos sus resultados: no solo no nos han devuelto la “normalidad” económica sino que han derivado en un “todos contra todos” y “sálvese quien pueda”. Del segundo, que promete una política de la democracia absoluta, constituyente, sólo podemos decir que acaba de empezar y que marca nuestra ruta. Es a ese al que nos apuntamos.
Tomás Herreros y Emmanuel Rodríguez (Universidad Nómada)
Fragmento de entrevista realizada a Jose Luis Sampedro

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