Epidemia de panico


Como estoy cambiando de blog, muchos articulos ya “viejos” los vuelvo a postear, no solo por su interes para quienes estan pasando una situacion similar en otros lados del mundo, sino tambien para comparar que paso con nosotros,  en nosotros. Ciertamente en esos dias era el climax de la epidemia aqui. Ya con escuelas cerradas, mucho frio, y una ministro que renunciaba en el medio de una epidemia, y un ministro que no asumia. No era la prensa ya quien asustaba, sino la propia ausencia de informacion del Ministerio de Salud, que no apareceria hasta 10 dias mas tardes, el 15 de Julio.
En esos dias, el ministro electo anunciaba que habia al menos mas de 700 mil casos de gripe, lo cual fue desmentido por la propia presidenta el mismo dia. Pero el ministro quedó, y hoy sigue en su cargo. Sin ningún asidero que podamos reconocer, salio ese numero. Un número que seguramente habra entendido la presidenta luego, que era más conveniente que los que se venian dando, ya que el numero de muertos, contados de esta manera, comenzaba a igualarse a las tasas del resto del mundo. Y aunque eramos los primeros en el ranking mundial de muertos por la pandemia, era cierto que los más jovenes enfermaban más. Aunque tardariamos 10 dias más en saber que enfermeban más, pero la mayor mortalidad se daba entre los  50 y 59 años.
El pánico que acompaño los últimos dias de Junio y los primeros de Julio se tradujo en una deserción escolar masiva. Los padres no mandaban sus hijos al colegio. Y los que iban, lo hacian porque en muchas escuelas de Argentina se les da de comer, o porque en la escuela habia más calefaccion que en sus casas.
Ya me habran leido decir siempre lo mismo, Argentina es un pais que puede alimentar 10 veces su poblacion, y sin embargo hay gente con hambre. A tal punto, que hay una disputa en numeros sobre la pobreza, mientras la Iglesia, y otras consultoras privadas (incluso las afines al gobierno), la ubican por encima del 30%, el gobierno aduce sólo un 13% de pobreza. Números que habian caido abruptamente luego del colapso financiero y economico del 2001.Que se agravaron en el 2002, y que a partir del 2003 comenzó una recuperación económica con crecimientos semejantes a los de China o la India. Y que a partir del año pasado comenzaron a caer, no solo por la crisis internacional, sino tambien por el discurso oficial de confrontamiento con distintos sectores productivos.
El panico no solo lo genero la prensa, mucha de la cual relataba cada muerte, sino también un gobierno que una semana antes habia perdido las elecciones, y que pese a su popularidad inicial, hoy es no querible y menos creible por la mayoria de la poblacion. Aunque a fuerza de ser objetivos, el panico que genera la prensa se esta dando en todo el mundo, y no es patrimonio argentino.Y las actitudes de sanitarias de otros gobiernos tampoco distan mucho de llamar a la calma. Si cada año mueren entre 3 y 4 mil personas de gripe estacional, digamos 3.600 en 6 meses son 600 muertos por mes, y son 20 muertos por dia, sin embargo esto nunca constituyó noticia.
Acusar a la prensa esta siendo una constante en cada pais. Como también lo es acusar a los gobiernos  por el manejo de la información. Aunque vale decir que los propios médicos no lo hemos hecho mejor, vale como como ejemplo filmaciones de enfermos en terapia intensiva, donde sin permiso de ningun familiar se mostraban pacientes con asistencia respiratoria mecánica, o el hecho que directores de hospital salgan a hablar con la prensa para  tranquilizarla, mientras se sacan unos barbijos que todos sabemos, solo sirven para los  que están enfermos, o para quienes trabajan en areas de aislamiento con pacientes graves. Estas imágenes impactan fuertemente en aquellos que leen o ven las noticias. Esto genera panico.
Genera aún más pánico entre aquellos pacientes que ya padecen de ataques de pánico, y en los hipocondriacos. Y las propagandas que incitan a cuidarse de todo: no saludar, no tocarse, no respirar sobre el otro, alimentan la fobia social. Pero esto no evitó que miles de personas viajen en metro por la ciudad de Buenos Aires, y pocos se hayan enfermado, y muchos menos hayan muerto.
El panico también fue generado por la propia OMS al cambiar su definición de pandemia, tomandola con criterios geograficos y no con criterios de gravedad. Si la palabra epidemia asusta, pandemia es sin duda el fin del mundo.
Y ni hablar de las autoridades. Tan solo como ejemplo. En momentos que ya Argentina habia atravesado el pico de la pandemia, el numero de consultas cayó abruptamente. La gente tenia miedo de ir a hospitales, clinicas y aún consultorios. Julio fue un mes donde las consultas cayeron abruptamente, tema que aprovecharon no pocas autoridades para decir que fueron las medidas de distanciamiento social (que son utiles en un 17% de las veces), o la medicación indiscriminada que comenzó a darse con un medicamento que es poco mas que placebo y evita el contagio en tan sólo un 8% (claro que estos numeros son el la gripe vieja, y no hay estudios en la gripe nueva). Dificil momento para las autoridades que en lugares como este, a 5 km. de otra ciudad, declaró la emergencia sanitaria y la otra no. El 27% de la poblacion economicamente activa de mi ciudad trabaja en Neuquen, sin embargo tomaron politicas  distintas, aunque los resultados fueron iguales, no hubo ninguna diferencia estadisticamente significativa entre las muertes de una y otra provincia.
Esto no evitó que pese a que las consultas cayeron abruptamente, luego del pico de la epidemia (entre el 28 de Junio y el 4 de Julio), no habia desaparecido, el intendente de esta ciudad (Cipolletti), decidiera el 1° de Julio (un poco tarde ya) entre otras cosas:
* Suspender los espectaculos publicos y concentraciones, medida que no tomó una semana antes ya que estaba en plena campaña electoral.
* Suspender las clases (en realidad adelantar las vacaciones del invierno austral, lo que se hizo cuando ya el virus estaba diseminado por todo el pais), dando lugar a situaciones de aislamiento social que tuvieron sin duda tuvieron un impacto emocional en mucha gente. Y en chicos que estaban encerrados en sus casas, como si sus padres no fueran probables portadores del virus.
* Decidir que el transporte publico (autobuses,   taxis, etc ), tuvieran la obligación de viajar  con las ventanillas abiertas independientemente de la temperatura exterior. Claro que el buen hombre olvidó que vivimos en la Patagonia, era invierno y  mas de un médico le agradece sus servicios de habernos dado más trabajo.
* Prohibir que los restaurantes funcionen luego de las 24 horas, un hecho invalorable, ya que demuestra que nuestro intendente (o alcalde como dicen en otros lados), tenia valiosa información de que el virus N1H1 se transforma de noche y se hace más contagioso.
Como bien escuche decir a otro epidemiologo argentino, Hugo Spinelli, siempre hay que pensar que hay más boludos que fantasmas. Con lo cual mas que conspiración se trata de ignorancia, lo que suele ser mas grave, que es funcional a muchos intereses, pero a la vez destruye economias.
Si bien no se sabe a ciencia cierta cual fue el costo de la epidemia, basta saber que si todos hubieran actuado como mi intentende/alcalde, el costo economico hubiera sido de  2.500 millones de dolares para 10 o 12 dias, segun la Universidad de San Andres, mientras que otros calculan que entre Junio y Julio (datos de la Univ. de La Plata), el costo para Argentina fue de unos 3.400 millones de dolares. Esto sin contar el aumento del precio de los medicamentos en un 18%, el gasto en propaganda del propio gobierno, quien incauto todo el oseltamivir  y solo se entrega en Hospitales (no importa que 200 hospitales hayan entrado luego en retencion de servicio y sea inaccesible el medicamento). El propio gasto en medicamentos, que como vemos en otro post su efectividad podria definirse mas que en numeros como un placebo social. El uso indiscriminado de antibioticos. Y quizás la unica buena noticia es que bajo e consumo de antigripales, que son de venta libre, en  un 35% gracias a que el gobierno fue unánime en convocar a  no automedicarse. Aunque no fue muy coherente cuando mientras el gobierno Nacional decia que al menor sintoma vayan al medico, las provincias decian que esperaran 48 horas antes de ir al medico. No hay duda que la politica mediatica de todos los estamentos del gobierno es cuanto menos……pobre.
El miedo, y el pánico generan reacciones irracionales, y sin duda quien mejor la utilizó fue el propio Hitler, el miedo a todo lo desconocido, a lo ajeno, (en aquel caso los extranjeros, los judios), promueve la discriminación, convoca al aislamiento, y en definitiva predispone a un mayor control social por parte de los gobiernos.
Aún asi, hace 3 dias murió una mujer en el Gran Buenos Aires, y la noticia fue difundida por todo el pais. Un hecho mas que curioso, porque en ningun momento el virus ha dejado de estar presente. Tanto que en mayores de 5 años la incidencia del virus nuevo es del 93%. Pero si se ven los informes del ministerio de salud veremos que entre una semana y otra murieron 8 personas, es decir casi una persona por dia. Lejos de los 20 que parece morian por gripe estacional, sin que la prensa diera cuenta de ello.
No son momentos fáciles en el mundo. La crisis financiera sigue golpeando, aunque no se hable de ella, los alimentos son cada vez mas caros, la desocupacion aumenta, asi como el salario real disminuye en Argentina y aun en los paises centrales. El propio dolar al que los Argentinos endiosamos, ha tenido que ser sostenido artificalmente debido a su devaluación. La crisis financiera tambien es económica. La inseguridad en las calles es un tema diario, aun en pequeñas ciudades. Y si a esto le agregamos una cuota de panico, los niveles de cortisol se elevan provocando otro tipo de reacciones tanto fisicas como psiquicas. Consecuencias que muchos hoy estamos pagando.
Excelente artículo el de Alicia Stolkiner, aunque habra que actualizarlo cuando lleguen las vacunas, si es que llegan por estos lares, y no sepamos si tenerle más miedo a una gripe globalizada, o a las propias vacunas. Y ya veremos en otro post el porque.
Y como en algun momento alguien dijo, esta epidemia va a terminar cuando la prensa deje de hablar de ella. Pues bien, el virus sigue presente, sigue habiendo gripe, y seguirán habiendo muertos como es natural en una epidemia, aunque sea la más mediática de la historia, y la más benigna de todas. 

El miedo a lo desconocido


Por Mariana Carbajal – Pagina 12.

Hay alarma porque aparece un peligro que no está naturalizado”

Alicia Stolkiner, titular de la cátedra de Salud Pública de la UBA, analiza los mitos, prejuicios y fantasías que genera una epidemia. La alteración de lo cotidiano, la conciencia de la muerte, las salidas individualistas.

La llegada del virus de la gripe A no sólo modificó rutinas. También, y fundamentalmente, cambió la percepción en torno de quiénes pueden morir de una enfermedad infectocontagiosa: ya no son “los otros” los únicos en riesgo. Ahora se instaló la idea de que cualquiera puede ser una víctima fatal. Esta es una de las reflexiones que comparte en una entrevista con Página/12 Alicia Stolkiner, titular de la Cátedra de Salud Pública de la Facultad de Psicología de la UBA y profesora de posgrado en el Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús, al analizar el impacto social que puede acarrear la presencia del virus H1N1. Para la especialista, quedó en evidencia el peligro del “presentismo patológico”, un fenómeno –señala– instalado en la sociedad desde hace varios años, por el cual personas con síntomas de alguna enfermedad apelan a medicamentos paliativos, ampliamente promocionados en la televisión, para evitar faltar a sus trabajos por temor a perder un plus salarial o poner en riesgo el puesto en un contexto de precarización laboral. Stolkiner analizó, además, los prejuicios que se agudizaron con la nueva influenza, advirtió sobre la falta de mensajes que promuevan el fortalecimiento del sistema inmunitario –como dormir bien y evitar las dietas hipocalóricas– y criticó a algunos medios de comunicación por ser sensacionalistas e insistir “en la salida individual” para evitar el contagio. “Muchos medios tienden más a la generalización de la alarma que a la producción de una práctica solidaria entre la gente de cuidado mutuo y autocuidado”, consideró. “Una situación de epidemia como ésta sólo se enfrenta con una responsabilidad social y colectiva”, concluyó Stolkiner.
–¿Cómo analiza el nuevo escenario social generado por la presencia del virus de la gripe A?
–Se comienza a producir una alteración de la vida cotidiana y, por ende, un movimiento que conlleva cambios en las representaciones y las prácticas de las personas. No es poca cosa cuando ese movimiento toca aspectos tan nodales como la enfermedad y la muerte. Toda sociedad naturaliza algunas cosas y considera extraordinarias otras. La alarma surge cuando un acontecimiento altera ese marco de comprensión. Pongo un ejemplo: tenemos una alta mortalidad por accidente de tránsito, pero no por ello las personas –que están en condición de hacerlo– dejan de viajar durante un fin de semana largo. De alguna manera hemos naturalizado ese riesgo en las vidas y podemos negarlo con mayor facilidad. Se incorpora en la negación de la muerte, en una cultura que parece tener cada vez menos espacio para ella. Tampoco producen tal alarma las muertes que, claramente, tocan sectores excluidos y por ende no se piensan como posibles para un “nosotros” que se define a sí mismo (con razón o no) como fuera de riesgo. Ahora hay un escenario general de alarma en donde muchas personas ven aparecer un peligro que no está dentro de los naturalizados o previstos. Nos hemos acostumbrado a considerar poco peligrosas las enfermedades infectocontagiosas, en la era de los antibióticos. Hace tres años tuve neumonía y no pensé que mi vida estaba en riesgo por ello. Ahora lo viviría de una manera distinta.
–¿Qué se está perdiendo de vista al analizar el alcance del virus H1N1?
–Hay dos aspectos que están siendo poco considerados: uno son las condiciones sociales generales en las cuales se produce una enfermedad y el otro son las prácticas preventivas ligadas al fortalecimiento de la condición de salud de las personas y no sólo la evitación del contagio. En las condiciones sociales se encuadra desde el carácter urbano de nuestra población y lo que esto conlleva, pasando por prácticas de trabajo hasta prácticas instaladas con respecto al cuidado (o no) cuando hay una situación de enfermedad. Vivimos en grandes conglomerados urbanos que concentran gran densidad de población en pequeños espacios. Eso implica la presencia constante de infinidad de contactos en la vida diaria, difíciles de evitar. Con respecto a las prácticas, hay una que quisiera señalar, que en la década del ’90 se llamó “presentismo patológico”, refiere a aquellas situaciones en que una persona asiste a trabajar cuando no debiera hacerlo porque produce un riesgo para su salud y la de otros. Este fenómeno se agudizó mucho debido a la precarización de las condiciones de empleo, la presión para evitar el ausentismo laboral y las formas de trabajo que generan ingresos solamente si el trabajador las ejecuta, como el caso de los autónomos. La precarización de las condiciones de empleo y de los derechos del trabajo son un factor de aumento del riesgo de epidemias. Como complemento de esa práctica se exalta como un valor la superación del síntoma para seguir en actividad. Las propagandas nos muestran una serie de medicamentos que son paliativos de síntomas gripales (no curativos) recomendados para seguir en pie y ser productivo, aunque se esté enfermo. Lo “productivo” se extiende a las actividades sociales y a la recreación. Recuerdo una que muestra a un hombre joven que se levanta a la mañana con un fuerte malestar, se toma uno de esos antigripales y se mejora, en la escena siguiente se lo ve en el cumpleaños de su hijo, rodeado de niños. A la luz de lo que está pasando ahora, se transparenta lo disparatado de la propuesta: amortizar los síntomas para ser un foco de riesgo en un cumpleaños infantil y todo aparece como un valor. Es probable que algunos de estos jóvenes que están con cuadros graves hayan tardado en detener la actividad y hayan tratado de paliar los síntomas agravando en mucho la situación. Hay que recuperar viejos hábitos acerca de cómo se curaban estos procesos antes, entre ellos algo tan obvio como que la curación de una enfermedad requiere reposo.
–¿Cómo juega la industria farmacéutica?
–La industria farmacéutica ha favorecido –dado que toda empresa necesita colocar su producto– la fantasía de que la enfermedad se cura básicamente con un medicamento, esto no es así. Las enfermedades y los mecanismos de curación son procesos sumamente complejos y se requiere de una multiplicidad de cuidados para ello. Es una fantasía de nuestra época la de la píldora mágica que soluciona todo. Con esta gripe vamos a tener que revalorizar los cuidados en el sentido más amplio, no se trata de tomar una pastillita y seguir como si nada. Se trata de favorecer y potenciar los factores protectores y de lucha contra la enfermedad que el cuerpo y la persona tienen.
–¿Qué prejuicios se pueden agudizar?
–Hay una alarma desmedida. Habría que tener la capacidad de tomar las medidas necesarias sin que surja una cantidad de prejuicios, mitos y fantasías que las enfermedades arrastran. Un gran mito es que las enfermedades vienen de afuera, es una asociación por deslizamiento entre extraño, desconocido y peligro. Eso puede llevar tanto a subestimar el cuidado que hay que tener en algún caso, cuanto a discriminar o rechazar los desconocidos o distintos. Una alumna comentó que, aunque se sentía mal, su jefe le pidió que fuera a trabajar, simultáneamente le aconsejó que desinfectara los lugares que tocaban los clientes, como si el contagio sólo pudiera venir de ellos, que eran “de afuera”. Es un clásico del imaginario. Toda epidemia puede hacer aparecer rechazos al otro, toda epidemia vehiculiza posiciones ideológicas y promueve instrumentaciones políticas.
–¿Los mensajes son claros desde las autoridades sanitarias?
–Se está apuntando a prevenir el contagio mediante el contacto. Pero no se está señalando lo suficiente cómo prevenir la enfermedad a partir del fortalecimiento de los recursos que cada uno tiene. Los jóvenes son los más afectados. ¿Será así porque llevan una vida más estresada? El grupo de 16 a 45 es el más afectado y, simultáneamente, son los que más exigidos están. Con excepción de los que están fuera de toda oportunidad, lo cual también es un riesgo. Los jóvenes de clase media y clase media baja tienen horarios de estudio y de trabajo extenuantes, además se quieren divertir. Eso lleva a que se agoten y, eventualmente, se subalimenten o descansen mucho menos de lo necesario. El sistema inmunitario responde a las condiciones de vida, al descanso, al estrés. Debiéramos ser muy cuidadosos para tener nuestro aparato inmunitario protegido, para tratar de no enfermarnos y, en caso de enfermarnos, estar lo mejor preparados para ello. Me pregunto, por ejemplo, si no debieran suspenderse esas dietas estéticas hipocalóricas a las que se someten algunas jóvenes, dietas de 500 calorías diarias. Y a su vez es el momento, más que nunca, de garantizar que los sectores más vulnerables reciban el máximo de soporte nutricional y ambiental. No se trata sólo de proveer medicamentos, se trata también de garantizar alimentación y abrigo. Un aspecto que queda claro es que debería haber un sistema de salud integrado, que permita dar respuesta articulada, de conjunto, y no tan fragmentado y segmentado. Esta condición del sistema dificulta la respuesta.
–¿Cómo analiza el rol de los medios de comunicación?
–No me parece que estén cumpliendo cabalmente la función que debieran tener. Muchos tienen un reflejo espontáneo a la construcción alarmista de la noticia más que a la información. Pocos promueven una práctica solidaria entre la gente, una práctica de cuidado mutuo como eje del cuidado propio. Se insiste en la salida individual como estrategia. El más claro ejemplo es la recomendación del uso de barbijos. No sirven para no contagiarse, sirven para no contagiar al otro si uno está enfermo. Una situación de epidemia como esta sólo se puede enfrentar cabalmente con una responsabilidad social y colectiva. He visto muchas recomendaciones de lo que uno debe hacer para no contagiarse de otros y muy pocas de lo que debe hacer para no exponer a otros. En las situaciones de emergencia se puede potenciar lo peor de una sociedad o se puede reforzar los lazos sociales. Deberíamos insistir más en lo que podemos hacer conjuntamente, aunque la prevención nos desaconseje tocarnos o besarnos.
–¿Qué actitudes se pueden reforzar a partir de este escenario de miedo generalizado?
–La sociedad actual tiende a negar la muerte. Cualquier alteración que la ponga en el escenario produce mucha perturbación, conmociona. Salvo aquellas muertes que se rutinizaron. Fue necesaria la magnitud de un accidente como el que sufrió el micro que trasladaba a los alumnos del colegio Ecos, de Palermo, al chocar de frente con un camión conducido por un chofer borracho, para darnos cuenta del peligro del conductor alcoholizado. Y aun así, hay gente que protesta cuando le hacen el control de alcoholemia. De todos modos, siempre la negación se refuerza en la idea de que la enfermedad le sucede a otro por su particularidad o su diferencia. Esto puede favorecer conductas irracionalmente segregativas, como la de quienes apedrearon el ómnibus que venía de Chile con algún supuesto pasajero enfermo.
Este tipo de pandemia debiera romper con esta lógica. No se ha vivido una situación social como ésta desde las epidemias de polio de mediados del siglo XX. Incluso, la epidemia de VIH-sida se instaló con la idea de que le pasaba a otro. Esta idea de que le va a pasar a otro ya no es sostenible. La única manera de enfrentar este problema es reconociendo la amplitud y heterogeneidad del “nosotro