Iatrogenia verbal y gestual


Iatrogenia verbal y gestual
Acad. Alberto Agrest
Via: lista medfam argentina.
La palabra como instrumento del pensamiento obedece a las ideas y los sentimientos que lo nutren y son sus constituyentes. Entre el pensamiento y la voluntad de expresarlo con palabras las relaciones se multiplican en posibilidades. Consideramos normal que el pensamiento preceda a la palabra pero ese preceder puede ser tan corto que parezca simultáneo. Pensamiento y palabra parecen entonces ambas producto de una actividad cerebral “madre” o “tronco” común que les da origen. Por supuesto existen pensamientos que no se expresan en palabras como fonemas aunque emerjan a la conciencia como palabras mudas. Pensamientos y fonemas suelen disociarse con pensamientos que no se expresan, los psicoanalistas llaman a esto represión, que puede ser consciente o inconsciente y demuestra el control de la educación y otras veces por el contrario pensamiento y fonemas ocurren sin este control. Alguna vez he llamado a esto “lenguajoma” de capacidad maligna, esto es capaz de provocar perjuicios. Si en la lengua del vulgo el “lenguajoma” puede ser desconcertante y anodino, en los médicos provocará daño que podríamos llamar iatrogenia verbal. Daño emocional con tristeza o depresión, daño psicológico con temor y desconcierto, daño moral con sufrimiento y desconfianza. Todos estos, fenómenos adversos de la comunicación médico/paciente. Efecto adverso a veces inevitable cuando es producto de la comunicación de la verdad. Este efecto adverso puede sin embargo ser minimizado con una actitud comprensiva y solidaria.
La iatrogenia verbal ocurre cuando se dice lo que no debe decirse, primero cuando es falso como producto de la ignorancia, ignorancia de no saber, no tener conciencia de lo que no se sabe, segundo cuando no es oportuno, tercero cuando se carece de la empatía necesaria, cuarto cuando no se sabe usar un lenguaje metafórico comprensible para el paciente y quinto cuando no existe tiempo suficiente para que la comunicación médico/paciente pueda desarrollarse y asegurarse la comprensión por parte del paciente.
Cuando decimos médicos nos referimos a todo el personal comprometido en la atención de la salud, médico, enfermero, técnico de laboratorio o radiológico, radiólogo, farmacéutico, kinesiólogo, mucama, asistente social, camilleros, personal administrativo y hasta parientes y amigos. Parientes y amigos están lejos de la jurisdicción médica. De médicos todos tenemos un poco, diría demasiado poco. Médicos y no médicos deben reconocer un principio socrático fundamental: lo primero es no dañar.
En el otro extremo de la relación médico/paciente está el paciente. ¿Hay pacientes proclives a sufrir la iatrogenia verbal?. En la visión transaccional la personalidad proclive es la “nigysob” (now I got you son of a bitch). Se trata de personalidades irritantes excesiva e injustificadamente demandantes que transforman la incertidumbre en una ansiedad obsesiva que intentan contagiar al médico con una tonalidad masoquista que invita al sadismo médico. Las preguntas reiteradas a todo el personal expone al paciente a recibir respuestas distintas o aun iguales pero con palabras distintas que a una personalidad obsesiva hipocondríaca le permite descubrir diferencias muchas veces insignificantes con las que atosigan a médicos y auxiliares, éstos, agotada su capacidad de autocontrol, pueden responder airadamente y agresivamente. Agresión que el paciente siente como totalmente injustificada y que confirma sus dudas sobre la capacidad y humanidad de las personas que lo asisten.
La iatrogenia verbal se evita diciendo sólo lo que el paciente necesita que le digan para tomar una decisión. Ni siquiera se debe decir una verdad, en realidad lo que el médico cree que es verdad, si es innecesaria para tomar una decisión definitiva o temporalmente.
Lo que el médico sabe o supone debe comunicarse prudentemente, oportunamente y desdramatizadamente.
Existen tonalidades en la comunicación verbal, un tono humilde y un tono arrogante, un tono optimista y un tono pesimista, un tono dramático que puede transformarse en trágico y un tono con humor que no debe convertirse en burlón.
La comunicación médica no es sólo información, debe preocuparse de la comprensión y calmar la ansiedad, la ansiedad de la no comprensión y la ansiedad de la comprensión de una información de una situación grave o riesgosa.
No basta con que el paciente diga que entendió, puede no haber entendido por un proceso de negación o porque la información no ha sido traducida a un lenguaje metafórico comprensible.
En la relación médico/paciente se debe asumir que la palabra del médico es psicoterápica aun cuando deba transmitir malas noticias.
El aprendizaje de la comunicación médico/paciente no debiera ser abandonada a la intuición y a la capacidad empática de la personalidad ambas fundamentales pero la experiencia demuestra que infrecuentes, a veces como consecuencia de la frustración que sufren los profesionales de la salud y el escaso uso de aquellas capacidades.
Debe destacarse que esta relación verbal médico/paciente no se enseña ni se evalúa en los currículos de pregrado o de postgrado de médicos y de los distintos personajes auxiliares del cuidado de la salud y que esta situación debiera corregirse si es cierto que a médicos e instituciones les interesa la calidad en medicina.
Debe recordarse que el lenguaje verbal es acompañado de un lenguaje gestual que debe ser concordante con el anterior para no generar perplejidad en el paciente. No es infrecuente la discordancia entre ambos lenguajes y mientras se minimiza una situación verbalmente el gesto de sea de grave preocupación, de desdén o de fastidio.
La buena comunicación del personal sanitario y administrativo con el paciente define una parte fundamental de la calidad asistencial. Lo ideal es que el paciente sienta que recibe más que lo que esperaba. Más atención, más respeto, más comprensión, más solidaridad y más afecto. El lenguaje verbal y gestual deben satisfacer esa necesidad del paciente. El desafío para los médicos es cumplir esto diciendo la verdad, cumplir esto desde la angustia del no saber, desde la premura, desde la falta de recursos y desde la frustración de una remuneración insuficiente.
Los errores en medicina pueden ser provocados por desconocimiento, por negligencia, por fallas en la organización, por falta de recursos, pero la fuente más común de una demanda judicial es una mala comunicación entre los servicios médicos y los pacientes y sus familiares.
Esta mala comunicación es un error con daño psicológico que puede considerarse como un error provocado por negligencia.

Este artículo debería citarse como: Agrest, Alberto “Iatrogenia verbal y gestual”. Disponible en World
Wide Web:
CIE. Academia Nacional de Medicina, Buenos Aires.

Errores médicos: el 44% es mortal


Cancer Hospital in final stages of constructio...Image via Wikipedia
Traumatología, cirugía general, obstetricia y clínica médica son los servicios más litigados por los pacientes

Fuente: Fabiola Czubaj – LA NACION
Errare humanum est . Sin embargo, en la medicina, como quizás en ninguna otra disciplina, un error puede producir daños que no siempre se pueden subsanar. Y es más grave aún cuando esa equivocación es injustificable.
Es el caso en nuestro país de las caídas de la cama del hospital, las quemaduras durante procedimientos quirúrgicos y las infecciones intrahospitalarias. Juntas representan los tres errores evitables más comunes que se cometen en los centros de salud, debido a una mala organización del trabajo cotidiano.
Y más grave aún es que casi el 44% de los errores médicos inexplicables en el diagnóstico o el tratamiento les causan la muerte a los pacientes.
Así lo revela un análisis de 800 reclamos judiciales, realizados por pacientes o familiares, contra sanatorios, clínicas y hospitales privados del país. Los que más cuestionaron la atención (73%) fueron pacientes del sistema de seguridad social. Los servicios más demandados son traumatología y ortopedia, cirugía general, obstetricia y clínica médica.
“La anestesiología está recién en el quinto lugar -indicó el abogado Rafael Acevedo, autor principal de la revisión y especialista en responsabilidad profesional médica-. Cuando se produce un error en el uso de la anestesia, el daño es tan grande que suele provocar una lesión neurológica grave o la muerte del paciente. En cambio, las consecuencias de los errores traumatológicos no suelen ser tan graves, pero sí vimos que son más comunes.”
Existen casos en los que el error médico se puede justificar, como cuando la enfermedad o los antecedentes de salud del paciente producen una reacción a un tratamiento que el médico indicó luego de realizar los exámenes diagnósticos adecuados y de tomar las decisiones terapéuticas recomendadas para cada caso. “Si no agotó todos los pasos, posiblemente haya actuado con impericia o negligencia”, explicó Acevedo, que presentó estos resultados el jueves pasado en una jornada organizada por la Asociación Mutual Argentina Salud y Responsabilidad Profesional.
En cuatro de cada 10 reclamos judiciales se comprobó que había existido una equivocación evitable o inexcusable en la atención que había brindado el médico o la institución. En el 43,7%, esos errores le causaron la muerte al paciente. En el 21% de los casos, no quedó secuela alguna.
La mayoría de los errores (43%) fueron durante el tratamiento, como las lesiones de las vías biliares o intestinales durante una cirugía mínimamente invasiva. Un porcentaje menor (27%) ocurrió en el diagnóstico, como al confundir una obstrucción intestinal con apendicitis aguda o una gastroenterocolitis con un tipo de diverticulitis. Tres de cada 10 equivocaciones no son responsabilidad de los médicos, sino de la institución, ya sea por fallas en la estructura (falta de barrales en las camas, inadecuado control de las infecciones, etcétera) o en la cantidad de enfermeros por paciente para brindar una buena atención.
“En general, son problemas en los que, si se actúa rápido, se podrían evitar o minimizar las consecuencias del daño -comentó Acevedo-. Pero las clínicas, los sanatorios y los hospitales deben aprender a evitar que esos errores se repitan. En general, observamos que suceden una y otra vez de igual forma; es un grupo muy reducido de profesionales de una institución que participa en el 90% de las quejas de los pacientes. Son los que no registran los actos médicos [en la historia clínica], no confeccionan el protocolo quirúrgico o no informan adecuadamente al paciente sobre qué es lo que tiene, qué se le realizará o qué es lo que debe hacer, entre otros problemas.”
Según el lugar de atención, en las guardias se podría haber evitado el 70% de los errores, mientras que en los consultorios de atención ambulatoria era evitable la mitad de esas equivocaciones. En la internación de urgencia hubo más errores injustificados que en la internación programada (67% versus 46%).
No tan infalibles
Los médicos no son los únicos que se equivocan. A los pacientes también los alcanza aquella locución latina, como ocurrió en 39 de los reclamos judiciales.
En seis de cada 10 de esos casos, los pacientes habían suspendido el tratamiento, se habían ido del hospital sin el alta médica o no habían cumplido las indicaciones del médico. Casi el 13% de los casos eran mujeres que, luego de un aborto, tuvieron una hemorragia u otras complicaciones y concurrieron de urgencia a un hospital, donde se les debió realizar una histerectomía obstétrica (extirpación del útero) o fallecieron durante la atención (31%).
En un 33% de los reclamos, los pacientes tuvieron que ser operados por no cumplir las indicaciones del médico, consultar tardíamente o abandonar el hospital sin el alta.
Pero Acevedo recordó: “El paciente asume los riesgos de la enfermedad y del tratamiento en la medida en que haya sido adecuadamente informado del diagnóstico, el tratamiento sugerido y los riesgos, y de los controles que debe cumplir, así como de las señales de alarma a tener en cuenta durante el tratamiento”.
CONSULTAS PREVENTIVAS
Además de los juicios, el equipo de trabajo, en el que participaron también los médicos legistas Esteban Scoufalos y Geraldine Canteros, del Departamento de Gestión de Riesgos de la institución, analizó 2400 consultas preventivas que realizaron en los últimos años los más de 500 centros de salud del país y los 4000 médicos asociados.
“Cuantas más consultas preventivas realizan, más atentos están a la prevención -indicó el abogado-. Si un paciente añoso se cae de la cama y necesita un reemplazo total de cadera, no puede esperar diez días. La clínica tiene que operarlo y después verá cómo recupera el costo de la prótesis con la obra social.”
Según el estudio, sólo el 5% de esas consultas se transformó en un reclamo judicial o prejudicial

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Guilty, Afraid, and Alone — Struggling with Medical Error


Since 1999, health care professionals have been focusing on To Err Is Human, the Institute of Medicine report that sounded alarms about medical error. As we have strived to reduce the rate of errors, systems-based practices such as electronic order entry and procedure checklists have proliferated. Meanwhile, little attention has been paid to the second half of the adage — “to forgive, divine.” How can we characterize and address the human dimensions of medical error so that patients, families, and clinicians may reach some degree of closure and move toward forgiveness? In interviews that our group conducted for a documentary film, patients and families that had been affected by medical error illuminated a number of themes.1 Three of these themes have been all but absent from the literature. First, though it is well recognized that clinicians feel guilty after medical mistakes, family members often have similar or even stronger feelings of guilt. Second, patients and their families may fear further harm, including retribution from health care workers, if they express their feelings or even ask about mistakes they perceive. And third, clinicians may turn away from patients who have been harmed, isolating them just when they are most in need.

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