Infoescepticismo


Gonzalo Casino
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La medicina vista desde Internet y pasada por el saludable filtro del escepticismo.

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Escepticemia – Gonzalo Casino – Infoescepticismo – JANO.es – ELSEVIER:

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Una excelente nota de Gonzalez Casino, quien comenta acerca sobre el rol de la prensa y las noticias medicas, como estas pueden ser tergiversadas, y como las revistas medicas, la mayoria de las veces se transforman en una extension del departamento de marketing de la industria farmaceutica.

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Dualistas y Monistas


René Descartes, the French philosopher, by the...Image via Wikipedia

Publicado en Escepticemia
Autor: Gonzalo Casino
Lunes , 7 de Noviembre de 2005
Sobre el problema cuerpo-mente y la nueva psicobiología
Descartes no pasa ahora por un buen momento. La separación cartesiana entre cuerpo y mente, entre materia y espíritu, es negada una y otra vez por los científicos. Uno de los más notables en el área de la neurobiología, el portugués Antonio Damasio, publicó en 1994 un libro de título inequívoco: ¿El error de Descartes¿, en el que atribuía al filósofo francés el desatino de separar las operaciones mentales de la estructura del organismo y, como consecuencia, que el razonamiento y el juicio moral pueden existir separados del cuerpo, una idea que ha impregnado el pensamiento y la cultura occidentales durante siglos. En la medicina, por ejemplo, la distinción entre enfermedades orgánicas y mentales, representó un cambio del rumbo organicista marcado por Hipócrates hacia un dualismo radical. Pero hoy Descartes es refutado hasta por los estudiosos de la toma de decisiones, como Paul Slovic, director del Decision Research Center, que en sintonía con Pascal asegura que ¿separar la razón de los sentimientos no es aconsejable y, además, es imposible¿, o el propio Damasio, para quien ¿la toma de decisiones correcta exige tres elementos: emoción, conocimiento y razón, que deben manejarse en equilibrio¿.
Corren, pues, malos tiempos para Descartes y los dualistas. El nuestro es un tiempo marcadamente materialista, de un monismo materialista liderado por las ciencias que proclama que todos los fenómenos mentales, desde los sueños a la libertad, sólo son funciones de la materia corporal. Sin embargo, ahora es posible repensar el viejo problema cuerpo-mente a la luz de nuevas ideas y nuevos datos aportados por las ciencias y reflexionar sobre las flaquezas del reduccionismo materialista, como apunta Vicente Simón, del Departamento de Psicobiología de la Universidad de Valencia en un sugerente capítulo del libro ¿Psicobiología. De los genes a la cognición y el comportamiento¿ (Ariel, 2005). En esta obra colectiva, coordinada por Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, participan una treintena de autores españoles para perfilar algunos de los grandes temas de la psicobiología, un área en el que convergen genética, etología, biología molecular, psicología y neurofisiología, entre otras diciplinas, pero también de la antropología y la filosofía. ¿Qué es la mente y cómo nos hace inteligentes y sociales? ¿Por qué algunos niños tienen problemas para aprender a leer? ¿Qué nos hace violentos? ¿Qué sabemos del dimorfismo sexual del cerebro? Estas son algunas de las preguntas a las que responde este libro que viene a demostrar que la psicobiología española también existe.

Gonzalo Casino

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Vivienda y salud

22 Feb 2010


El 80% de nuestra vida transcurre en espacios cerrados, mayormente en casa. Y buena parte del tiempo restante, en tránsito por los alrededores. “El hombre es un ser de lejanías”, decía Heidegger. Pero estas lejanías son imaginarias, narrativas, temporales, en definitiva; en términos espaciales, somos seres de cercanías. ¿Cómo no van a ser importantes las condiciones de la vivienda y del barrio? La casa, junto con la alimentación, el vestido, la asistencia médica y los servicios sociales, es un derecho recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 25). La vivienda está reconocida como uno de los determinantes de la salud, y a su vez se relaciona con el que quizá sea el principal determinante junto con la biología: el nivel de renta. Toda la investigación epidemiológica y de intervención realizada apoya una idea que parece de sentido común: las mejores o peores condiciones de una vivienda se relacionan con la mejor o peor salud de sus ocupantes.

Sobre la casa, el barrio y la evaluación de su impacto en el bienestar

 
Pero el asunto es más complejo de lo que parece. Las pruebas científicas que miden el impacto de estas condiciones son parciales y limitadas. Está claro que la vivienda afecta a la salud en sus vertientes física (humedad, contaminación del aire), mental (soledad, ruido) y social (relaciones, oportunidades). Pero, ¿hasta qué punto hay evidencias científicas de todo esto? La verdad es que se conoce más bien poco. Los principales riesgos para la salud en los hogares son las condiciones de temperatura y humedad, la presencia de radón, los ácaros, el humo de tabaco y los riesgos de caídas y de incendio. Aparte de esto hay datos confusos sobre la influencia del régimen de propiedad (puede aportar un mayor grado de seguridad y control, pero las hipotecas pueden ser fuente de estrés y empobrecimiento económico), sobre si es mejor un piso o una casa individual y otros aspectos. En una revisión publicada en 2003 en el Journal of Epidemiology and Community Heallth (JECH)(doi:10.1136/jech.57.1.11), los autores concluían que las pruebas del impacto en la salud tras la mejora en las viviendas eran limitadas e inconsistentes. Lo más evidente es una relación de dosis-respuesta entre la mejora de las viviendas y la mejora de la salud mental, así como una posible pero ligera ganancia en la salud física general.
 
Nadie elige vivir en una vivienda en malas condiciones ni en un barrio poco saludable, pero desde el momento en que hay viviendas insalubres y barrios problemáticos, estos acaban sendo el destino de los más desfavorecidos. Los efectos de los programas de regeneración sobre la salud pública y las desigualdades de salud individuales tampoco parecen claros, según otra revisión publicada en el JECH(doi:10.1136/jech.2005.038885). Así pues, faltan pruebas y evaluaciones del impacto de las intervenciones sobre la salud para orientar la acción política, que a su vez resulta difícil de evaluar. El área de intersección entre vivienda y salud es tan vasta, compleja y desconocida que lo único que parece claro es que hace falta explorarla con más detalle.

Sobre los riesgos del café y el riesgo de los titulares rápidos


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Epidemiología exprés

25 Ene 2008

Sobre los riesgos del café y el riesgo de los titulares rápidos

La bibliografía biomédica sobre el café y la cafeína ocuparía, en términos de las antiguas bibliotecas, unos cuantos anaqueles completos. Con más de 21.000 registros en PubMed, la cafeína es quizá la sustancia psicoactiva más consumida y estudiada. Sus efectos fisiológicos son bien conocidos, pero una cuestión bien distinta es su condición de factor de riesgo de multitud de enfermedades o problemas. En este sentido, la epidemiología sigue buceado de forma pertinaz en busca de posibles asociaciones, que reiteradamente saltan a los medios formando oleadas de noticias, a menudo inconsistentes y contradictorias. El café, como el té o el chocolate, son una mina de titulares de salud. La última es la que relaciona la cafeína con el aborto.
En todo el mundo, una gran proporción de adultos toman café o té de forma cotidiana y, para la mayoría de ellos, tomar entre dos y cuatro tazas diarias, no representa ningún problema de salud. En su Historia general de las drogas, Antonio Escohotado señala que la cafeína posee 10 veces menos actividad que la cocaína y que un litro de café concentrado equivale a unos 10 gramos de cafeína; la dosis activa mínima puede fijarse en 150 o 200 miligramos y su efecto se prolonga durante una media hora. Sólo las personas más sensibles a la cafeína pueden sufrir inquietud, ansiedad, irritabilidad y problemas para conciliar el sueño con una mínima dosis. Como la cafeína atraviesa la barrera placentaria, su consumo excesivo se desaconseja a las embarazadas, entre otras cosas porque se sospecha que puede elevar el riesgo de aborto. Para encontrar pruebas que sustenten esta recomendación, se han realizado numerosos estudios observacionales, pero la relación entre el consumo de café y el riesgo de aborto era y sigue siendo controvertida. Como muestra, basta citar dos estudios recientes, publicados en enero de 2008. El primero, en la revista Epidemiology, no encontró una relación estadísticamente significativa entre la cantidad de cafeína consumida y el riesgo de aborto; en cambio, el segundo, publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology, indica que las embarazadas que consumen más de dos tazas de café diarias tienen el doble de riesgo de sufrir un aborto que las que no toman bebidas con cafeína.

Como cabía esperar, la noticia más difundida ha sido la negativa, la que daba cuenta del segundo estudio e invitaba a las embarazadas a prescindir del café o reducir su consumo. Como consejo es de lo más prudente, pero los resultados del estudio, escrutados a la luz de la bioestadística, no lo avalan, despiertan recelos metodológicos y, en cualquier caso, deberían ser confirmados en otras investigaciones. Lo preocupante y revelador es que este ejemplo del café y el aborto no es un caso aislado, sino una muestra de un cierto tipo de epidemiología exprés que ofrece titulares rápidos. Digamos que es todo un signo de los tiempos que corren en la investigación y la divulgación médicas. O, mejor dicho, un síntoma. Porque duele.

Escepticemia: Voluntades


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Voluntades

Sobre los nuevos propósitos del año nuevo.Por si no fueran suficientes los pequeños o grandes empeños de cada día, con el cambio de año quien más quien menos se hace una lista, no necesariamente por escrito, de buenos propósitos. Los deseos de año nuevo, llámese dejar de fumar, hacer ejercicio físico, ponerse a dieta u otros más íntimos, son la prueba inequívoca de que existe el futuro –una convicción que declina con la edad– y del afán de superación. La razón de que en muchos casos estas intenciones se esfumen con el tiempo se suele atribuir a la falta de voluntad, pero esto es un argumento muy burdo para las mentes inquisitivas que quieren plantearse en términos científicos qué es eso de la voluntad y cómo se fortalece.

La fuerza de voluntad pasa por ser como un músculo, que se entrena y pone a punto como la masa muscular. Pero en realidad es algo mucho más esquivo cuando se trata de observar. La voluntad es mucho más que la atención, el poder de concentración y otras capacidades mentales fácilmente mensurables; tampoco es exactamente el autocontrol, porque tiene que ver además con la determinación, con los valores y con las intenciones, conceptos todos ellos que resultan esquivos para la neurociencia. Incluso para las técnicas de neuroimagen funcional el músculo de la voluntad resulta invisible, puesto que con estas nuevas herramientas sólo puede verse lo que tiene base anatómica o se sustenta en un paradigma bien establecido. Hay, sin embargo, investigadores que no se dan por vencidos fácilmente y se han propuesto acosar a la voluntad. El grupo de Brandon Schmeichel y Roy Baumeister cree que la fuerza de voluntad no es una metáfora y que el autocontrol está relacionado con el suministro de glucosa al cerebro, como indican en su artículo Self-control relies on glucose as a limited energy source: willpower is more than a metaphor, publicado este año en el Journal of Personality and Social Psychology. En este trabajo muestran que una conducta que exige un cierto grado de autocontrol reduce la glucosa en sangre, que este menor nivel de glucosa predice que en una tarea posterior habrá menos autocontrol y que esta menor capacidad se puede compensar con una bebida glucosada.
En otros estudios se ha relacionado también el ánimo positivo y la risa con una mayor fuerza de voluntad. Pero esto, en realidad, tampoco prueba gran cosa, del mismo modo que reconocer la necesidad de glucosa para cualquier función cerebral es casi una obviedad. La capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones, como se define la fuerza de voluntad, tiene que ver con la historia personal del individuo y sus aspiraciones. La glucosa puede ayudar y quizá la voluntad pueda reforzarse en el futuro con fármacos. Pero, hoy por hoy, la mejor manera de llevar a buen términos los nuevos propósitos es planteárselos en pequeñas dosis, a medida de las propias fuerzas y, lo que no es menos importante y más difícil de averiguar, en consonancia con lo que a uno de verdad le interesa en la vida.

Escepticemia: Segun un estudio


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Según un estudio

Sobre el totum revolutum de la investigación y los trabajos a medida

Nada parece respaldar tanto la veracidad de un mensaje como el aval de un estudio. La muletilla “según un estudio” es moneda corriente en las informaciones periodísticas de salud y cada vez más en los mensajes publicitarios de productos en los que el valor salud es importante (por desgracia, periodismo y publicidad se mezclan y confunden a menudo). La palabra estudio tiene las espaldas tan anchas y tan amplias las tragaderas que lo mismo sirve para designar una encuesta de medio pelo que una rigurosa investigación científica, un intrascendente análisis estadístico que un ensayo clínico. Pero lo cierto es que aludir vagamente a “un estudio” no dice nada si no se añaden a continuación los datos esenciales de dicho trabajo. Y de esta imprecisión y calculada ambigüedad se aprovechan, obviamente, los trabajos más chapuceros, que no sólo se utilizan para publicitar los supuestos beneficios de un producto sino que encuentran además eco en algunas informaciones periodísticas, para mayor desgracia y desconcierto del consumidor.

Esta situación es especialmente llamativa en los productos alimenticios. La importancia que tiene la dieta en la salud, la demonización de algunos nutrientes (el colesterol, sin ir más lejos) o la santificación de otros (las vitaminas, por ejemplo) y la obsesión con las calorías y el sobrepeso, entre otras circunstancias, son el terreno abonado para que los fabricantes de alimentos se afanen por colocar a sus productos la etiqueta de saludable (algunos, como los bodegueros de EE UU, lo consiguieron). Hay estudios para avalar los beneficios de alimentos tan dispares como el vino y las nueces, los cereales de desayuno y el agua mineral carbonatada. Y todo parece indicar que si una empresa o lobby están dispuestos a financiar “un estudio” siempre será posible obtener un mensaje de salud favorable a sus intereses comerciales. Pero la actual inflación de estudios a medida empieza a ser tóxica, más que nada porque el mensaje que llega a la ciudadanía no suele considerar el peso de las pruebas científicas, y bajo el señuelo de “un estudio” se proclaman todo tipo de recomendaciones y afirmaciones, muchas de ellas sin confirmar.

Una de las últimas recomendaciones, basada obviamente en un estudio, es la de consumir helados por su riqueza en proteínas y su acción contra el estrés. El estudio en cuestión invoca razones nutricionales, sensoriales y de bienestar. Pero, ¿qué alimento fresco o elaborado no podría asimismo recomendarse por alguna razón nutritiva, sensorial o de bienestar? Lo cierto es que todos los alimentos son recomendables y sanos por el hecho de serlo, y hacer recomendaciones aisladas sin considerar el contexto de una dieta no tiene sentido y no es muy diferente de la simple publicidad. Por desgracia, los médicos carecen del tiempo y los conocimientos nutricionales necesarios para desmontar tantas falacias encubiertas bajo la palabra estudio y, de paso, ayudar a los pacientes-consumidores a tomar decisiones informadas.

Escepticemia


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Colesteroles

05 Oct 2007

Sobre las múltiples caras de una molécula demonizada

Al colesterol le ha tocado el papel de malo en esa película sobre la salud cuyo guión lo escriben día a día y mano a mano investigadores, médicos y medios de comunicación. De poco sirve recordar que es una molécula esencial para la vida, pues tanto el papel de malo como el de bueno (piénsese, por ejemplo, en las vitaminas o los antioxidantes) parecen imprimir carácter. Aunque los guionistas diferencian un colesterol bueno de otro malo, la audiencia no está para refinamientos. Algunos creen que la cruzada contra el colesterol es desproporcionada, y llaman la atención sobre algunos estudios para revisar la consideración de una sustancia de la que todavía queda mucho por conocer.

En uno de estos estudios, publicado en la revista Pediatrics de octubre, se confirma que los niveles elevados de colesterol se asocian con un mayor riesgo de partos prematuros. Pero lo sorprendente es que los niveles bajos de colesterol también se asociaban con un mayor riesgo de partos prematuros o el nacimiento de bebés de bajo peso. De las 1.058 mujeres evaluadas, tuvieron un parto prematuro el 5% de las que tenían niveles de colesterol moderado (de 159 a 261 mg/dl) frente al 21% de las que tenían unos niveles bajos de colesterol sanguíneo (menos de 159 mg/dl). Probablemente son pocas mujeres para sacar conclusiones firmes, pero el estudio apunta que tan perjudiciales pueden ser los niveles demasiado altos como los demasiado bajos durante el embarazo, un periodo en el que este lípido es esencial para el desarrollo de la placenta y del propio bebé, incluido su cerebro. Otra investigación, publicada en el número del 31 de julio en el Journal of the American College of Cardiology, ha sacado a la luz otra sorprendente asociación epidemiológica: los bajos niveles de colesterol malo se asocian con un mayor riesgo de cáncer. Los investigadores pretendían averiguar por qué las estatinas usadas para bajar el colesterol producen algunos efectos secundarios, en especial la lesión de las células hepáticas y musculares, y se encontraron con un caso adicional de cáncer por cada 1.000 pacientes con bajos niveles de colesterol LDL, en relación con las personas con niveles de colesterol superiores. Aunque está por demostrar que la reducción del colesterol produzca cáncer, este estudio plantea al menos algunas dudas sobre el buen uso de las estatinas.

La consideración de los niveles elevados de colesterol como uno de los principales factores de riesgo cardiovascular está sobradamente demostrada y no va a cambiar por unos pocos datos. Sin embargo, estos y otros estudios similares sí deberían servir de alerta ante el encarnizamiento terapéutico para reducir los niveles de colesterol a toda costa, un objetivo que parece importante conseguir en prevención secundaria pero que en prevención primaria podría ser discutible. El colesterol, como la glucosa o cualquier otra molécula esencial para la vida, no es ni bueno ni malo si está dentro de unos parámetros. Pero las demonizaciones suelen tener efectos secundarios.