Scepticism comes alive


Oxford University Press, USA | 2005-07-15 | ISBN:0199282137 | 222 pages | PDF | 1,6 Mb
In epistemology the nagging voice of the sceptic has always been present. Over the last thirty years or so philosophers have thought of several promising ways to counter the radical sceptic: for instance, facts about the reliability of our cognitive processes, principles determining which possibilities must be ruled out in order to have knowledge, and principles regarding the context-sensitivity of knowledge attributions. In this entertaining and provocative book, Bryan Frances presents a new argument template for generating new kinds of radical scepticism, ones that hold even if all the clever anti-sceptical fixes defeat the traditional sceptic. Not only is the argument schema novel, but the sceptical consequences are entirely unexpected. Although the new sceptic concludes that we don’t know that fire engines are red, that we sometimes have pains in our knees, or even that we believe that fire engines are red or that knees sometimes throb, he admits that we know millions of exotic truths such as the fact that black holes exist. You can know about the existence of black holes, but not about the colour of your shirt or even about what you believe regarding the colour of your shirt. The new sceptical arguments proceed in the usual way (here’s a sceptical hypothesis; you can’t neutralize it, you have to be able to neutralize it to know P; so you don’t know P), but the sceptical hypotheses plugged into it are ‘real live’ scientific-philosophical hypotheses often thought to be actually true, such as error theories about belief, colour, pain location, and character traits. Frances investigates the questions, ‘Under what conditions do we need to rule out these error theories in order to know things inconsistent with them?’ and ‘Can we rule them out?’ Particular attention is paid to recent methods used to counter the traditional sceptic. Sharp, witty, and fun to read, Scepticism Comes Alive will be highly provocative for anyone interested in knowledge and its limits.

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La terapia familiar como actitud


La terapia familiar como actitud

Resumen de Colapinto J, La terapia familiar como actitud (artículo).

 

Para explicar las diferentes actitudes terapéuticas que coexisten actualmente en el campo de la terapia familiar, presenta tres áreas donde estas actitudes se muestran en forma articulada.

 

·          Actitudes hacia la familia

·          Actitudes respecto del cambio

·          Actitudes respecto del rol del terapeuta

 

Presenta dos concepciones distintas sobre la familia y sobre la relación entra ella y los síntomas.

Una, percibe a la familia como una entidad relativamente autosuficiente, animada por un propósito central (la preservación de la misma), y al síntoma como desempeñando una función en el logro de este propósito.

La otra, percibe a la familia como una organización compleja, con propósitos múltiples que eventualmente entran en conflicto y ocasionan una deficiencia en la operación de la organización, una falla en el cumplimiento de las funciones.

La primera concepción imagina a la familia extendiéndose en su funcionamiento: el sistema trabaja demasiado, demasiadas cosas ocurren entre sus miembros.

El la segunda concepción (a la cual se adhiere el autor), la familia más bien parece pecar de una disfunción: hay actividades que deberían tener lugar y no lo tienen.

En el primer caso se “acusa” a la familia de provocar el síntoma, en el segundo caso se le acusa de tolerarlo, de no poder con él.

Ambas familias existen, si no necesariamente en la realidad, en la imaginación de varios terapeutas.

Llama entonces a la primera “familia victimaria”, y a la segunda “familia ineficiente”.

Son dos maneras diferentes de imaginarse o de encarar a la familia.

Se corresponde a la familia “sobreinvolucrada” (donde demasiadas cosas pasan), y a la familia “desligada” (donde demasiado poco pasa).

Lo que el autor propone es que las categorías de sobreinvolucración y desligamiento quizás correspondan más a la actitud del terapeuta que a la realidad de la familia. Ocurre que la forma en que uno imagina a la familia y a la relación de que ella guarda con el síntoma, se correlaciona con la forma en que uno define el cambio terapéutico.

Si se ve a la familia como victimaria, es lógico que el “cambio” requiera un rescate del individuo, y que la función del terapeuta sea clarificar la comunicación para desarticular mistificaciones, o planificar un juego estratégico que desbarate la victimización.

Estos terapeutas, operan desde una posición periférica, precaviéndose de toda posible contaminación, y “juegan” a perturbar el equilibrio del sistema mediante tiros por elevación Continue reading La terapia familiar como actitud