Opiniones: La controversia por los resultados del ENHANCE: simvastatina sola o con ezetimiba


El Supositorio: La controversia por los resultados del ENHANCE: simvastatina sola o con ezetimibe

El estudio ENHANCE era un ensayo clínico en paciente con Hipercolesterolemia Familiar Heterocigota con cifras muy elevadas de LDL-colesterol basales. Comparaba la utilización de 80mg de simvastatina sola versus 80mg de simvastatina + 10mg de ezetimiba en una población de alto riesgo cardiovascular donde no se suelen conseguir reducciones importantes de LDL-colesterol a pesar de usar dosis máximas de estatinas. El objetivo primario no era clínico, era la medición mediante ECO del grosor de la capa intíma-media de la carótida, utilizando esta medición con objetivo subrogado de la progresión de la placa arterioesclerótica. Los resultados, hechos públicos mediante noticias de prensa, refieren a la ausencia de diferencias en ambos grupos. La controversia ha surgido por el retraso sobre la fecha prevista de anuncio de los resultados de casi 1 año.
Una opinión sobre este tema interesante es la del Dr. Nissen (cardiólogo de la Cleveland Clinic) que destapó el tema del incremento del riesgo cardiovascular de los COX2.

Fuente: El Supositorio (Vicente Baos)

British Medical Journal. Vol. 336. Núm. 7636


Originales

Gates S, Fisher JD, Cooke MW, Carter YH, Lamb SEMultifactorial assessment and targeted intervention for preventing falls and injuries among older people in community and emergency care settings: systematic review and meta-analysis. Págs. 130-133 R TC PDF

Graff MJL, Adang EMM, Vernooij-Dassen MJM, Dekker J, Jönsson L, Thijssen M et alCommunity occupational therapy for older patients with dementia and their care givers: cost effectiveness study. Págs. 134-138 R TC PDF

Underwood M, Ashby D, Cross P, Hennessy E, Letley L, Martin J et al on behalf of the TOIB study teamAdvice to use topical or oral ibuprofen for chronic knee pain in older people: randomised controlled trial and patient preference study. Págs. 138-142 R TC PDF

Editoriales

Dieppe POsteoarthritis of the knee in primary care. Págs. 105-106 TC (s) PDF (s)

Dixon JM, Montgomery DFollow-up after breast cancer. Págs. 107-108 TC (s) PDF (s)

Revisiones

Wilt TJ, N’Dow JBenign prostatic hyperplasia. Part 1—Diagnosis. Págs. 146-149 TC (s) PDF (s)

Análisis

Järvinen TLN, Sievänen H, Khan KM, Heinonen A, Kannus PShifting the focus in fracture prevention from osteoporosis to falls. Págs. 124-126 TC PDF

Alonso-Coello P, López A, Guyatt G, Moynihan RDrugs for pre-osteoporosis: prevention or disease mongering?. Págs. 126-129 TC PDF

Práctica clínica

Wee B, Reynolds JH, Bleetman ARational Imaging: Imaging after trauma to the neck. Págs. 154-157 TC (s) PDF (s)

Torcer el cuello, mirar a los ojos


Torcer el cuello, mirar a los ojos

Juan Gérvas

Médico de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón.

07 Diciembre 2007 · Madrid. jgervasc@meditex.es

Lo importante es la calidad clínica, científica y humana del médico

La imagen, de Tino Soriano
Cristina espera una receta en el Centro de salud de La Coromina, cerca de Cardona (Barcelona). El ordenador, bien apartado, en un extremo, para que la Dra. Bernal no pierda el contacto visual con la paciente.

init();¿Qué es importante en el encuentro médico? Si lo importante es mirar a los ojos al paciente y no perder el tiempo con los problemas inherentes a los ordenadores y periféricos y al acto de recetar, las cosas se organizan de otro modo.

Referentes tecnológicos Sanidad en línea

El Ministerio de Sanidad y Consumo confía en que el Proyecto de Sanidad en Línea —que engloba acciones como la receta electrónica, la tarjeta sanitaria individual y la historia clínica digital— esté listo y pueda funcionar en todo el Sistema Nacional de Salud (SNS) dentro de 2 años.

Soy de los que dan la mano con fuerza. A veces los (las, generalmente) pacientes se me quejan: “¡Qué fuerza tiene usted, doctor!” Como doy la mano al recibir y despedir al paciente, en la puerta, al decir adiós tengo capacidad para apretar más o menos según la respuesta a la primera vez. También, claro, recuerdo a los pacientes que se han quejado y siempre intento disminuir el ímpetu. Me desagradan las personas que dan la mano floja, sin ganas. Sé que no tiene mayor importancia, pues tengo pacientes y algún conocido muy buena persona que sencillamente dan la mano floja. Por ello nunca he manifestado el menor desagrado ante el paciente que responde a mi apretón con una mano floja. ¡En la consulta tenemos de todo!

Hay trabajos varios que demuestran que los pacientes agradecen la calidez y cordialidad en el trato. Naturalmente, ajustadas al momento. No es lo mismo dar la mano y la noticia de la confirmación de un embarazo, que dar la mano y el pésame por la muerte reciente del padre. Pero siempre cabe la calidez, la empatía, entender al paciente y hacerle notar que le entiendes. Me gustaría saber que ello mejora el resultado en salud, pero consuela saber que al menos mejora la calidad de la entrevista. Y la entrevista es clave. Por ejemplo, en la entrevista los oncólogos, al comunicar el diagnóstico de cáncer de mama, suelen dedicar treinta segundos a demostrar calidez y comprensión por la gravedad del diagnóstico que transmiten. ¡Demasiado poco!

Calidez y cordialidad

De la misma forma que doy la mano con energía y que ofrezco calidez y cordialidad, me gusta mirar a los ojos de los pacientes. Como siempre, con toda la simpatía adecuada, de forma no agresiva, de forma amable. No sé cuántos segundos de mirada directa a los ojos, pero los suficientes para que el paciente me sienta cercano y directo sin llegar a ser molesto. No me gusta la gente que te habla sin mirar a los ojos. Me molesta. Pero hay buenas personas, pacientes y conocidos, que no miran a los ojos. Por eso no le doy mayor importancia y nunca he manifestado desagrado ante el paciente que rehúye la mirada directa a los ojos. ¡Hay tanta variedad en la consulta!

Exploro a todos los pacientes. A todo paciente que expresa un signo o síntoma explorable. Por ello aconsejo al paciente, para que sepa que si viene por algo, veré ese algo, esté en el periné o en la axila, en los pies, en la boca o en el ano. Los pacientes lo saben y vienen preparados. Naturalmente, cabe la flexibilidad y, por ejemplo, algún paciente nuevo con hemorroides prefiere “venir otro día”, y que le dé una crema hoy, que “ya habrá tiempo la próxima vez”. Y otro, con dolor lumbar se queda asombrado de la exploración a fondo de reflejos, fuerza y sensibilidad que hago, por más que insista en que “lo único que me duele es la espalda”. Uno se adapta, claro, y si la paciente no tiene experiencia previa, por ejemplo, le explico que puedo tomar una muestra vaginal en el momento y mandarla al laboratorio: “¿prefiere que la tome ahora mismo o quizá quiere que la dejemos para otro día?” Con todo ello disminuyo la probabilidad de error, y puedo ver un carcinoma de amígdala en un paciente fumador y bebedor la segunda vez que le exploro la boca, por ejemplo; en la primera sólo me concentré en la faringe y la mucosidad abundante, pero cuando volvió con el mismo síntoma, de dolor de garganta, ya hice una exploración más a fondo.

Con el ordenador

Si trabajo con el ordenador, tengo la pantalla vertical a la izquierda. Tuerzo el cuello todo el rato, tanto para mirar a la pantalla como para escribir o para recoger los impresos (recetas y demás). Tuerzo el cuello y dejo de mirar a los ojos al paciente. Tuerzo el cuello y me siento de lado en la mesa. Tuerzo el cuello y el paciente tiene tiempo de estudiar mi perfil todo el tiempo que dedico a los requerimientos de la pantalla. Tuerzo el cuello y las incidencias continuas del ordenador y de los periféricos me obligan a dejar de hacer lo importante: dar la mano al recibir y despedir al paciente, demostrar calidez y empatía, mirar a los ojos y explorar todo lo explorable. Tuerzo el cuello y me convierto en un médico de cabecera que mira de lado al paciente.

Ya sé que hay médicos que emplean el ordenador y no tienen estos problemas. Ni tuercen el cuello, ni tener la pantalla vertical a la izquierda les impide nada, ni las incidencias del ordenador y los periféricos disminuyen su tiempo clínico. También sé que hay pantallas horizontales de ordenador en las que se puede escribir con un lápiz óptico como si escribieses sobre papel. No es ciencia ficción. Es otra realidad. Otra realidad posible sólo cuando se piensa que mirar a los ojos es importante.

Mirar a los ojos

Naturalmente, escribir hay que escribir. Pero al escribir en horizontal y con un lápiz (o similar) hay más tiempo y oportunidad para mirar al paciente a los ojos, para dejar la escritura y pasar a explorar, para ser cálido y cordial. Pero incluso se puede no escribir en horizontal. Por ejemplo, en Suecia los médicos dictan un resumen tras cada consulta, y luego unas secretarias pasan lo dictado a máquina, al ordenador. Los médicos de cabecera suecos no tuercen el cuello. Por supuesto, su modelo de receta permite la multiprescripción y la dispensación por un año. La organización depende de lo que se juzgue importante en el encuentro médico. Si lo importante es mirar a los ojos al paciente y no perder el tiempo con los problemas inherentes a los ordenadores y periféricos y al acto de recetar, las cosas se organizan de otro modo.

¿Y los incentivos? ¿Y los indicadores? ¿Y la cartera de servicios? ¿Y la gestión? Todo a su tiempo, todo en su orden.

De nuevo el diseño de indicadores, los incentivos, la cartera de servicios y la gestión deberían girar acerca de lo que es importante. Lo importante es mirar a los ojos al paciente y tener tiempo suficiente para la clínica. Lo importante es mejorar la salud del paciente, comprender lo que le sucede, disminuir su sufrimiento, incluso curar y “retrasar muertes” (de hecho, nunca “evitamos muertes” ni “salvamos vidas”; sólo “retrasamos muertes”, que no es poco). Lo importante es trabajar con fundamento científico. Por ejemplo, se retrasan muchas más muertes con el simple consejo contra el tabaco (120 por cada 100.000 habitantes y año) que con el cribaje, seguimiento y tratamiento de la hipertensión arterial (71 muertes retrasadas) o el tratamiento con estatinas de la isquemia de miocardio (prevención primaria, 3 muertes retrasadas, y secundaria, 14 muertes retrasadas). Sin embargo, todo nos empuja a diagnosticar, seguir y tratar hipertensos, y todo nos lleva a cribar y tratar a pacientes con aumento del colesterol. Cosas absurdas que aumentan en poco la salud de los pacientes y de la población, aunque los “entretenemos” un montón. Valdría la pena concentrarnos en cosas más simples y eficaces, como introducir IECA en los pacientes con insuficiencia cardíaca (308 muertes evitadas por cada 100.000 habitantes y año).

Lo importante es registrar

Con cosas absurdas da igual que el médico devenga en un profesional que tiene el cuello torcido. Lo importante es que registre, y el registro pasa de ser importante a ser central. Es central porque con él se evalúa la calidad y se reparten incentivos. Se registra y se vuelve importantísimo el ordenador con su pantalla vertical a la izquierda y el cúmulo de periféricos con sus “demandas”. Registrar y registrar sólo aumenta la torcedura de cuello. Y el cuello torcido significa mirar de lado, no mirar a los ojos del paciente.

Cabría defender la implantación de la historia clínica electrónica y la informatización de los centros si ello se acompañase del aumento de la calidad clínica. Pero nunca se ha demostrado tal. La historia clínica electrónica y la informatización de los centros no comportan mejora alguna de la calidad. Comportan, eso sí, mayor facilidad para la implantación de incentivos tipo “control aceptable de la tensión arterial”, “cálculo del riesgo cardiovascular” y todo ese tipo de cosas que entretiene y distrae al personal de lo importante.

Sin olvidar, claro, la función política de la implantación de sistemas tipo Abucasis, Osabide, Jara, Diraya y demás iniciativas autonómicas absolutamente incompatibles entre sí, que suponen el trasvase de millones de datos diarios innecesarios (y “sensibles”, cuyo desvío puede tener consecuencias incalculables). Estos sistemas se “cuelgan” de continuo, retrasan la consulta y conllevan más horas de torcer el cuello y no mirar a los ojos al paciente. No responden al interés ni de los médicos clínicos ni de los pacientes. De hecho, en muchos casos cuentan con la oposición activa de los médicos. Sirven a otros intereses, ajenos a la clínica, y se imponen incluso, como en el País Vasco, con sanciones contra los pocos que se atreven a anunciar a sus pacientes la simple implantación de estos sistemas que alejan el control de los datos de quien los suministra (pacientes) y de quien los utiliza en la clínica (el médico). Sistemas que llevan a más cuellos torcidos, a menos mirar a los ojos.

Ya digo, lo importante es la calidad clínica, científica y humana. Por ello conviene evitar el cuello torcido y todo lo que comporta tener la pantalla vertical del ordenador a la izquierda, con sus periféricos múltiples. ¡Menos mirar a la izquierda, a la pantalla, y más mirar al frente, a los ojos del paciente!

Fuente: Jano.es

Se agradece al autor el envio de este articulo donde se manifiesta el caracter humanista que debiera caracterizar no sólo a nuestra especialidad, sino a toda la medicina.



Ser Médico, ayer, hoy y mañana


 Dr. Alberto Agrest
 Ayer, mi ayer al que me referiré es el año 47 (del siglo XX por si hay dudas) en el que me gradué, ser médico significaba entonces haber adquirido los conocimientos teóricos en la facultad y los conocimientos prácticos y destrezas en los hospitales. Los interlocutores válidos eran entonces los pacientes y los colegas; los ingresos honorables eran los que  abonaban los pacientes privados y los relativamente bajos salarios hospitalarios a los que recién se accedía después de largos años de trabajo honorario como concurrente por lo general por unas 3 a 4 horas de trabajo diario. El resultado de esos ingresos era lograr una vida de clase media, media o alta, gozando del respeto de la sociedad y el afecto de los pacientes y de sus familiares.

 Estar al día en los conocimientos en esa época exigía pocas horas de estudio diarias, alcanzaban las revistas de publicación mensual o bimestral y los libros que demoraban 2 o 3 años en editarse a pesar de lo cual se los podía considerar actualizados si estaban en inglés o francés, las traducciones al castellano demoraban todavía 1 o 2 años más no obstante lo cual eran considerados actualizados por gran parte del cuerpo docente. Quedaba tiempo para la lectura culta: novelas, cuentos, ensayos, historia y un poco de filosofía y con la lectura tiempo para la reflexión mientras la página abierta esperaba que volviéramos a ella.

 Evidentemente el conocimiento médico avanzaba a pie y con paso de paseo. Los médicos podían ser clínicos y cirujanos y abarcar varias especialidades. Para los clínicos la experiencia, conocimientos basados en evidencias demostrativas observacionales sólo se lograba por la anatomía patológica o el laboratorio y se adquiría  con los enfermos hospitalizados, estando a cargo de 6 camas en las que los pacientes solían estar internados 1 o 2 meses y frecuentemente mucho más tiempo.

 Los consultorios externos y las guardias nutrían una experiencia mucho más numerosa pero también con evidencias muy pocas veces demostrativas excepto las que iba dando el tiempo. Una suerte de protoevidencia era el “anda bien”.

 La tarea médica era la de curar, aliviar o confortar, la prevención era tarea de los higienistas. Quedaba tiempo para la investigación que se realizaba por el deleite de crear conocimiento sin ninguna retribución por ese trabajo.

 En la década del 50 el salto de Newton a Einstein comienza a verse en la vida diaria. Los efectos de las fuerzas inversamente proporcionales a los cuadrados de las distancias  se sustituyen por energías directamente proporcionales al cuadrado de las velocidades para llegar a hoy cuando estamos cada vez más cerca de lo que está lejos y cada vez más lejos de lo que está cerca.
 “…Estamos cada vez más cerca de lo que está lejos y cada vez más lejos de lo que está cerca.”
 El progreso exponencial del conocimiento y la velocidad de acceso a la información con un retroceso apenas aritmético de las capacidades (si se es afortunado), a lo que se agrega una reducción del tiempo disponible para la información, una multiplicación del número de pacientes para cubrir necesidades económicas y en consecuencia menor tiempo para cada paciente ha puesto a enorme tensión la relación del médico con el conocimiento y con los pacientes. La menor relación con el conocimiento se ha canalizado en la especialización, en la subespecialización y ya en la sub sub especialización mientras la tensión de la relación con los pacientes ha provocado una fragmentación y ruptura de la misma.
 Por otra parte el médico se ha colocado, o ha sido colocado a la cabeza de la prevención. El resultado es que ser médico hoy es muy diferente que haberlo sido antes y seguramente muy diferente de lo que será en un futuro nada lejano.

 A la responsabilidad ética de antaño con la propia conciencia, se le ha sumado la responsabilidad legal de hogaño con pacientes hostiles estimulados por abogados y se le añadirá la responsabilidad económica mañana, mañana que ya es hoy, demandada por gerentes que en lugar de estar perplejos ante los elevados y hasta inalcanzables costos de ganar meses o días de sobrevida están ocupándose de utilizar los aportes de los afiliados en actividades más lucrativas o convertir a sus afiliados en clientes de otras actividades paralelas de las empresas.

 A su hábito tradicional de enfrentar los problemas activos de un paciente concreto se le ha agregado enfrentar problemas probabilísticos y al futuro siempre incierto la prevención le demanda más acciones destinadas a defenderse de presiones sociales o judiciales que acciones sensatas que valoren la importancia para cada paciente en particular.

 La investigación que requiere recursos técnicos costosos y una organización casi industrial y empresarial ha reemplazado el deleite por un duro esfuerzo por satisfacer un rendimiento científico y económico que justifique las inversiones y el estipendio de los investigadores. Mientras tanto gran número de investigadores clínicos se han convertido en agentes cuya misión es conseguir pacientes para los estudios que requiere la industria médica.

 El tiempo de la lectura culta parece haberse esfumado y nada en el continuo devenir de palabras e imágenes espera nuestra reflexión substituida debido a la presión del tiempo por alguna idea relámpago.

 Ayer, hoy y mañana no son sólo cambios cronológicos sino cambio de pautas culturales, sabemos que no podemos detener el tiempo pero creemos ingenuamente que podemos defender de la erosión las pautas culturales que hemos creído dignas.

 El médico vivía la pauta cultural de la entrega generosa y la sabiduría que hoy debe cambiar por la pauta de la efectividad y la eficiencia. El esfuerzo debe ser conciliar ambas culturas y el desafío es cómo hacerlo.
 Siendo éste un Congreso de Salud y esta reunión sobre la pauperización de la medicina quisiera referirme a qué ha hecho la medicina para reducir la pobreza y qué ha hecho también para contribuir a ella.

 Reducir la pobreza se consigue aumentando la riqueza y debe entenderse que la salud es una de las formas de la riqueza de las poblaciones. Así como existe una línea de pobreza digna existe una línea de salud digna debajo de esa línea el estado de salud es indigno, es indigna la desnutrición, es indigna la morbimortalidad infantil que supera las cifras de los países desarrollados, es indigna la existencia de enfermedades prevenibles que resultan de fallas sanitarias higiénicas elementales como el acceso a agua potable, es indigno morirse de enfermedades que se curan, es indigno no poder aliviar el sufrimiento y es indigno no recibir confort en la agonía.

 El progreso alcanzable, y el ya alcanzado, en todas las áreas de la medicina ha sido espectacular sin embargo estamos lejos de que esos beneficios posibles se hayan logrado con equidad. La capacidad de los profesionales de la salud no alcanza los niveles de excelencia acordes con las exigencias de las nuevas tecnologías y los sistemas de organización médica plagan la atención médica de errores por incompetencia organizativa y por costos inaccesibles.

 El número de médicos excede las necesidades de la población y como ocurre con toda oferta que excede las demandas su valor se reduce. Los médicos ven así reducido su valor, sus ingresos económicos se reducen como variable de ajuste ante los aumentos en los costos de los insumos de salud y los aumentos de costo de los insumos de su propia formación profesional conspiran contra su aspiración de calidad. El resultado es que los médicos, consciente o inconscientemente, empujados por la promoción de la industria médica multiplican la utilización de recursos técnicos que ellos mismos administran y que sirven para aumentar sus ingresos y el costo de la atención médica.

 Los médicos centramos nuestros esfuerzos en todo lo que debe saberse para hacer todo lo que puede hacerse y cometer los menores errores posibles pero hemos insistido poco en hacer sólo lo que debe hacerse y abstenerse de hacer lo que no es necesario para tomar decisiones y para obtener el mayor beneficio probable para el paciente. Seducidos por la importancia de la evidencia demostrativa perdemos de vista valorar si esa evidencia es trascendente y valorar la sensatez de la aplicación de ese conocimiento.

 El despilfarro médico, como en todas las otras áreas, es el gasto innecesario para cumplir objetivos sensatos. No me cabe duda que los gastos de las guerras ofensivas son intrínsecamente un despilfarro, además de un crimen, por insensatas y que insensateces mayores o menores se cumplen, se han cumplido y se cumplirán en todas las sociedades.

 Son insensateces mayores las que se cometen en la educación, en la justicia y en la salud. Sin embargo no hemos escuchado nunca que los funcionarios, los maestros y los sindicalistas de la educación no sólo no alertaran sobre los propósitos de los gobernantes de destruir la educación sino que han sido sus cómplices buscando tan sólo satisfacer sus propios intereses.

 Tampoco desde la justicia hemos visto luchar contra la insensatez, es la ciudadanía la que hoy les reclama sensatez como debiera reclamarla para recuperar la educación que se ha perdido y que debiera promoverse con una suerte de movimiento con el título de “SARMIENTO RECARGADO”.

 La pregunta que cabe es ¿porqué la medicina debería estar libre de esta insensatez y porqué debiera evitar el despilfarro?

 Creo que los médicos son conscientes de la insensatez porque son soldados en el campo de batalla de la salud asisten a heridos y muertos y contemplan la devastación irracional, no son los funcionarios, ministros o secretarios, gerentes y contadores analizando sobre un escritorio papeles con números y estadísticas donde hay número de muertos o enfermos pero no enfermos ni muertos, donde hay números de costos y beneficios pero no devastación y agradecimiento. Las cifras de prolongación de la sobrevida pueden ser impactantes pero ¿qué hay de los efectos invalidantes de la edad sobre el aparato locomotor, sobre la capacidad mental y las actividades sociales?, ¿qué hay del agotamiento de las reservas económicas en gastos médicos y de los magros montos jubilatorios?
 “Es cierto que los médicos sabemos que el dolor ajeno se tolera mejor que el propio, pero ya nos ha alcanzado a nosotros.”
 Creo que los médicos deben evitar el despilfarro porque lo han sufrido en carne propia, porque los han proletarizado formando más médicos de los necesarios, porque los han formado deficientemente, porque los han convertido en la variable de ajuste para mantener gastos constantes cuando los insumos requeridos por la terapéutica, la tecnología y la información crecen y debe mantenerse la renta de los inversores. Es cierto que los médicos sabemos que el dolor ajeno se tolera mejor que el propio pero ya nos ha alcanzado a nosotros.

 Es insensato hacer creer a la gente que la lucha contra la muerte debe y puede hacerse a cualquier costo, debe comprenderse que es imposible que recursos técnicos de excepción estén al alcance de todos.

 Es insensato pensar que la medicina pueda mantener los principios de equidad con una educación adecuada restringida apenas a clases sociales económicamente acomodadas.

 Es insensato pensar que la tecnología será capaz de proteger a la sociedad a pesar de las fallas educativas que impiden alcanzar mejores niveles socioeconómicos, mayor comprensión y más fácil acceso a las ventajas de una vida saludable.

 Quizás los médicos que están más cerca de la microeconomía que de la macroeconomía deberíamos sentirnos más proclives al principio básico de saber gastar. La riqueza que los médicos generamos para la sociedad es salud y debe ser parte de nuestro esfuerzo que esa salud se pueda distribuir equitativamente.

Al encuentro de la utopía perdida


El concepto de salud es consustancial a lo que entendemos por Estado de bienestar. No existen sociedades desarrolladas en las que la salud, al igual que la educación, no centre todas las políticas del Estado. Más de 30 años han pasado desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una declaración en la que por primera vez se da protagonismo a la salud de los ciudadanos no sólo como concepto físico, sino también psíquico y social. La llamada Declaración de Alma Ata perseguía la utopía de entrar en el nuevo milenio con un nivel de salud poblacional marcado por la excelencia, y los países occidentales comenzaron a generar políticas de prevención y promoción de la salud, encaminadas a reducir la morbimortalidad de múltiples patologías y conseguir una sociedad sana.

 

 

La noticia en otros webs

Cambio en la formula del Yectafer


Las inyecciones de hierro Yectafer, utilizadas habitualmente en el tratamiento de las anemias, cambiaron su formulación, modificando uno de los componentes, según anunciaron las autoridades del laboratorio que las produce.

Según señalaron en una conferencia de prensa los responsables en la Argentina del laboratorio AstraZeneca, a partir de ahora el producto estará basado en el hierro “dextrano de bajo peso molecular” –utilizado en Europa, Estados Unidos, Canadá, Israel, Japón y Australia, entre otras regiones-, dejando de lado el hierro denominado “sorbitex”……..leer noticia completa

Comentario: hace dos años haciamos referencia a las muertes por este medicamento presuntamente adulterado, las objeciones que haciamos por entonces en resumen eran las siguientes:

– No existen pruebas que el tratamiento de la anemia en embarazadas mejore la morbimortalidad neonatal. La anemia en la embarazada es basicamente dilucional y no se soluciona con hierro, al menos en una mujer que cursa su embarazo normalmente.

– La inyeccion intramuscular es cuestionable, no solo por el dolor, sino porque deja marcas como tatuajes, y existe riesgo de sarcomas. Si bien el riesgo es bajo, la relacion riesgo-beneficio es alta si se tiene en cuenta que este ultimo no esta comprobado.

– Existen pruebas documentadas, aun en libros, de insuficiencia hepatica severa, por la aplicacion de hierro intramuscular, las muertes ocurridas en aquel momento se debieron a ello. Basta leer simplemente el libro de Goodman y Gilman donde lo dice claramente, y la formulacion que se estaba aplicando no estaba aprobada ni siquiera en los EEUU.

– Astra Zeneca en su momento, junto con el ANMAT adujo problemas de adulteracion de la partida, un fiscal dijo que el hierro encontrado era mayor que el normal con lo que nos encontrariamos ante un problema de calidad. En definitiva…..el fallo fue a favor de la empresa.

– En una carta publicada en aquel viejo blog, al que se le dio el derecho a replica, la directora medica aducia la seguridad del medicamento, que llevaba 27 años en el mercado. Si es asi, entonces porque cambiar ahora?

Demasiadas dudas, demasiadas preguntas, demasiado silencio y demasiado olvido, y demasiadas muertes que pudieran haber sido evitadas. No existe indicacion alguna para hierro en embarazadas.